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Opinión

El juicio de la Historia

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Antonio Gil-Terrón Puchades

29-05-2020

«Y ahora andan en tiquismiquis sobre el lugar en el que puede celebrarse una entrevista pedida por Companys, que no quiere venir a Valencia. (Ahora no le aguarda aquí ninguna ovación.) Negrín asegura que no tendría ningún inconveniente en ir a Barcelona, como ha ido otras veces, pero si Companys hace cuestión de etiqueta o de amor propio no venir aquí, tampoco ira él, ni aceptará que se partan las distancias, reuniéndose en Benicarló. (Lamentablemente.) El Presidente está muy irritado por los incidentes a los que ha dado ocasión el paso de Aguirre por Barcelona. “Aguirre – dice – no puede resistir que se hable de España. En Barcelona afectan no pronunciar siquiera su nombre. Yo no he sido nunca – agrega – lo que llaman españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas, me indigno. Y si estas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos las entenderíamos nosotros, o nuestros hijos, o quien fuere. Pero esos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco. Y mientras, venga a pedir dinero, y más dinero…».

El párrafo anterior pertenece al libro “MEMORIAS POLÍTICAS Y DE GUERRA, II”, cuyo autor es MANUEL AZAÑA, publicado en 1978, para España y América, por Editorial Crítica, S.A., con ISBN: 84-7423-049-7 tomo II. Reparto de personajes: AZAÑA (Presidente de la Segunda República), NEGRÍN (Jefe de Gobierno de la Segunda República), COMPANYS (Presidente de la Generalidad de Cataluña), AGUIRRE (Jefe del gobierno vasco en tiempos de la II República.

Existe otra referencia de Manuel Azaña, más de lo mismo y relativa a Felipe V y Barcelona, que por su brutalidad me niego a transcribir.

Por otra parte, el político, periodista y escritor, Julián Zugazogoitia, recogió en uno de sus libros las palabras del que fuera Presidente del Gobierno de la IIª República, el doctor Juan Negrín: «No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo… y pueblerino (…) No hay más que una nación: ¡España! (…) Antes de consentir campañas nacionalistas que nos lleven a desmembraciones que de ningún modo admito, cedería el paso a Franco sin otra condición que la que se desprendiese de alemanes e italianos».

El contrapunto a estas visiones sobre Cataluña las daría José Antonio Primo de Rivera, en sus discursos pronunciados en 1934, como diputado del Parlamento de la IIª República Española: «Yo no conozco manera más candorosa y aún más estúpida de ocultar la cabeza bajo el ala que la de sostener, como hay quienes sostienen, que ni Cataluña tiene lengua propia, ni tiene costumbres propias, ni tiene historia propia, ni tiene nada. Si esto fuera así, naturalmente, no habría problema de Cataluña, y no tendríamos que molestarnos ni en estudiarlo ni en resolverlo; pero no es eso lo que ocurre, y todos lo sabemos muy bien. Cataluña existe con toda su individualidad, y muchas regiones de España existen con su individualidad»… «Lo digo porque para muchos este problema es una mera simulación; para otros este problema catalán no es más que un pleito de codicia: la una y la otra son actitudes perfectamente injustas y perfectamente torpes. Cataluña es muchas cosas, mucho más profundamente que un pueblo mercantil; Cataluña es un pueblo profundamente sentimental; el problema de Cataluña no es un problema de importación y exportación; es un problema dificilísimo de sentimientos»… «Cataluña es un pueblo impregnado de un sedimento poético, no sólo en sus manifestaciones típicamente artísticas, como son las canciones antiguas y como es la liturgia de las sardanas, sino aún en su vida burguesa más vulgar, hasta en la vida hereditaria de esas familias barcelonesas que transmiten de padres a hijos las pequeñas tiendas de las calles antiguas, en los alrededores de la plaza Real; no sólo viven con un sentido poético esas familias, sino que lo perciben conscientemente y van perpetuando una tradición de poesía gremial, familiar, maravillosamente fina. Esto no se ha entendido a tiempo; a Cataluña no se la supo tratar, y teniendo en cuenta que es así, por eso se ha envenenado el problema, del cual sólo espero una salida si una nueva poesía española sabe suscitar en el alma de Cataluña el interés por una empresa total, de la que desvió a Cataluña un movimiento, también poético, separatista».

Manuel Azaña, Juan Negrín, José Antonio Primo de Rivera; tres visiones sobre una misma cuestión. Palabras que han quedado grabadas en la Historia, para reflexión y juicio de las generaciones futuras.

Nota: Para saber más http://entendiendolahistoria.blogspot.com.es/…/se-declara-l…

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