Parchis
Opinión

Alta suciedad

'Alta sociedad' (1.956) fue la retirada del cine de Grace Kelly. /Img. sensacine

Francisco Mares

10-05-2020

Inmediatamente después de la escena más auténtica de la serie de comparecencias del gobierno, debida al linchamiento de la prensa con la minimización de la crítica, la misma ferocidad en un sádico contraste brutal cambió de tercio y se sirvió en sus platós de la lágrima fácil como comidilla hasta que la muerte de Robinson restauró la dignidad de lo lacrimógeno. El primer y segundo plato, tras el tapeo de Robinson, vino esa misma semana, en víspera del día de la madre, por dos invitados y curtidos colaboradores de la prensa rosa, Makoke y V. Sandoval, que anunciaron la muerte de su madre. Los dos tipos de periodismo más dados al amarillismo, se solemnizaron ante las crónicas de una muerte anunciada –por edad y secuelas del virus en el caso de Víctor o como en el caso de Robinson por un cáncer que pudo precipitarla– y por el hecho y la fecha, además de por la sinceridad y bondad de tres exponentes no dejados llevar por un camino donde hay mucho de torticero. La guinda del postre fue en un ámbito cada vez menos lejos de los anteriores pero más digno de un final feliz con boda, bautizo y comunión. En la votación de la cuarta prórroga tuvo que ser el ángel de amor de Doña Inés el que con ojitos de humor vítreo pusiera a todos arrimados al hombro del hombre que el otro Pedro ha dado en llamar D. Juan y aunque la abstención de Casado y sus invitados al convite de nueva plantá no abortaba el acuerdo. Días antes, como desayuno, el doctor D. Simón ya daba muestras del embarazo en positivo, al ahogarse en un discurso entrecortado no por el café sino por una almendra como las que para dar y tomar buena energía ingería Zp (antes de irse a correr como Mandela más que como J Owens en otro estado de alarma por otra crisis) y como para minimizar ciertos síntomas de embarazo ante la crítica inmediatamente unos días antes.

El reality show de la telebasura ha invadido la política y el periodismo en sus formatos presuntamente más serios o informativos. Como los nazis – al reutilizar a los que tenían asco como a ratas para experimentar hasta con sus sucias y piojosas cabelleras y barbas rabudas de rabino para dada su obsesión por la limpieza hacer champú de marca blanca a sus rubiales de pura raza platina-, igualmente el pillaje de política y periodismo aprovecha con buen provecho de reciclaje y conversión la basura hasta la mierda.

El canibalismo de canes entre política y periodismo tiene sus costas de patente de corso donde reina el glamour más sofisticado de sangre azul.

Ramonet en un artículo delicioso, describe la puesta en escena de la ceremonia de boda de la estadounidense Grace Kelly y Rainiero de Mónaco, que voy a recrear con más imaginación que memoria aprovechando, sin provecho infiel o desleal, que no lo hallo.

En interiores todo era más controlable pero el exterior tuvo que organizarse como un safari donde la selva es un jardín para moverse a sus anchas como en un palacio con visita guiada. Los movimientos de la multitud que aclamaba a la pareja real así como su realeza e incluso el paso del carruaje de los caballos eran una danza de sincronías de ballet. Nada tenía la autenticidad del azar del caos y el control que ahora es al detalle en la actuación política de bandos y contrabandos y en la producción televisiva o radiofónica, ya sea garantía de información o del método Summers, ya alcanzaba incluso al cromatismo. El vestido de la novia era de un brillante rosa pastel y el de sus damas de honor de un deslumbrante amarillo dorado que desentonaría en el exterior aunque el populacho luciera sus mejores galas. Para paliar tan craso error, los act(u)antes que por seguridad se reencarnaban en la piel del pueblo para que no se acercara nadie de tan baja ralea y condición (y eso que el pueblo era el de Mónaco), iban uniformados variopintamente pero conjuntados para armonizar con el glamour reinante. La revista se pasaba de pies a cabeza y hasta por los suelos tenía que revestirse el glamour. Todo se podía ir a la mierda si los caballos la cagaban. Los actantes, como buenos teatreros sabían que cuando no había automóviles, el éxito de una función se presumía por la mierda que había a la entrada pues ello significaba que habían ido muchos y nobles espectadores. Pero esta función era de las grandes y no se podía desear ‘Mucha mierda’ sin que fuera una cagada. La mierda tenía que ser de lujo, con glamour y con clase como correspondía a la realeza de la realidad precursora de la telebasura. El rastro de moñigas y cagallones que los jamelgos dejaban como camino hacia el estercolero del poder tenía que ser maquillado para ser sus cloacas o bajos un abono a seguir. Los caballos seleccionados para jalonar el pavimento de fertilidad habían sido alimentados los días anteriores con unas cápsulas de color almendra que iban a dar a los marrones a discreción, un aura dorada que combinaba tanto con el brillo de la sangre azul de la segunda piel de la novia de pastel de rosa como para comérselo como con el del amarillismo de las damas de honor.

En 1953, año de su tercera película, a la musa de Hitchcock (la única que rodó tres de sus films consecutivos) G. Kelly ya le habían quitado caca no de debajo sino de encima, cuando la censura franquista sometió a proceso de conversión ‘Mogambo’ de J Ford. Para que no fuera acusada de adulterio con C. Gable se transformó la relación de safari en incesto pasando a ser la hermana de Donald Sinden en vez de su mujer.

Incesto significa no casto.La relación de incesto y endogamia es la casta que se come y reparte el pastel de tal guisa de pasteleo y se reproduce y aparea en hermandad.

El cisne (1956) de Ch Vidor/archivo

La censura no dejó de recrear la historia según su credo y es que todos somos herman@s y la hermandad es la tribu de alistamiento a la orden.

‘Alta sociedad’ (1956) de Ch. Walters fue la última película de Grace Kelly antes de su retirada del cine para ser princesa. La penúltima fue ‘El cisne’, donde ya hizo de princesa deshojando margaritas. El apogeo de su estrellato culminó compartiendo cartel con Frank Sinatra y Bing Crosby en una historia donde una novia se retira de una boda de alta sociedad hacia donde iba encaminada. G Kelly vivió tras triunfar con Hitchcock una historia de suspense que empezó esta misma semana de mayo: concretamente, un 6 de mayo de hace 66 años. Grace conoció a Rainiero en un palacio de alta sociedad como el de Mónaco durante el rodaje por la Costa Azul de ‘Atrapa a un ladrón’ de Hitchcock. Con envidia, Alfred dijo que Grace se acostaba con todos de rodaje en rodaje. Tras foguearse en rodajes con los actores y hasta con el guionista de ‘Crimen perfecto’, la prensa insinuó que siguió haciéndolo después de casada. Gary Cooper con quien actuó en su segunda película en ‘Solo ante el peligro’ (1952) de F. Zinnemann, dijo que vestida parecía de hielo pero en cuanto le bajabas las bragas es un volcán en erupción. Su biografía afirma que G. Kelly vivió con disgusto el paripé del cuento de hadas de su boda y que llegó a decir que fue el carnaval del siglo. La censura española obró en salvaguarda de su matrimonio en el futuro no tan lejano, pues Kelly y Gable se liaron de verdad patentando la realidad de las ficciones y al revés. Aute lo sabía y por eso no salió mucho ni él ni sus pelis en la pequeña pantalla: Cine, cine, cine, cine, más cine por favor que toda la vida es cine y los sueños cine son

Un año antes de ‘Alta sociedad’ y apenas unos meses antes de conocer a su príncipe rana, G. Kelly había obtenido el Oscar contra pronóstico por otra película premonitoria: ‘La angustia de vivir’ de G. Seaton no es una de sus obras maestras. Ese año 1954, G. Kelly hizo más cine que nunca: 5 películas y dos fueron ‘La ventana indiscreta’ y ‘Crimen perfecto’.

El príncipe azul le fue presentado el 6 de mayo de 1955 por un periodista celestino, casado un mes antes con Olivia de Havilland de ‘Lo que el viento se llevó’, que hizo honor a su apellido Galante (galán en francés). A Galante Grace lo conoció el 4 de mayo al coincidir en el tren para ir al festival de Cannes. El periodista galante fue un revés del que en ‘Alta sociedad’ encarna Sinatra, que descubre que no está enamorada y la conciencia para desistir. En la conversación en el tren se le ocurrió como quien no quiere la cosa, invitarla a la fiesta de palacio para la que ella tuvo que hacer encaje de bolillos con sus actos en Cannes. Rainiero, con un trono a la deriva y en quiebra, quería conocerla a toda costa ya antes de su llegada al rodaje de ‘Atrapa a un ladrón’ y en el de ‘Alta sociedad’ ya le regaló el anillo. Alfred, su otro enamorado que insistía de rodaje en rodaje, la llevó a perderla y fue sin querer su padrino para que su historia de misterio y suspense fuera de las pantallas. La cita de la pareja y la declaración de boda fue un notición a nivel mundial y el periódico de Galante, París Match, se anotó un tanto triple. El periodista envió a la cita a un fotógrafo como el que acompaña al periodista Sinatra en ‘Alta sociedad’ y fue un relevo que le siguió todos los pasos y conversaciones pero al revés que en la película, para que no se truncara el destino. La pedida de mano y la descendencia era urgente porque si no, el principado podía perder la independencia y pasar a manos francesas. Menos de un año después fue la boda. La virginidad de la princesa se cosió y blanqueó con el montaje de su afición a la hípica y así se pasó por alto por la alta sociedad. Al volver de unas vacaciones por un trayecto más que conocido, G. Kelly se fue a la mierda con 52 años en un accidente de coche con muchos caballos, cayendo por un terraplén su Rover en la misma carretera donde rodó ‘Atrapa a un ladrón’ con el Cary Grant de Con la mierda (es decir: con la muerte) en los talones. Si F. Fernán Gómez, hubiera estado en la boda al pie los caballos, con trato de usted, hubiera dicho :¡A la mierda!

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