Mientras flirteamos con la muerte

Vicente Torres

10-04-2020

Esta vez la amenaza ha tomado una nueva forma, más rápida y fulminante que las habituales, con lo cual, sin duda, ha quedado de manifiesto nuestra insensatez. Y abundan los que piensan que basta con obedecer para protegerse. Dice el gobierno que actualmente los contagios se producen en las casas.

Digo que mientras flirteamos con la muerte, la soledad sigue con nosotros. Me refiero a esa soledad irremediable que tanto aterra. Y leo este párrafo de Pablo d’Ors, en el que reclama la madurez:

«Un Dios verdadero sólo puede apelar a la madurez humana. No peticiones infantiles. No preguntas retóricas. No huidas sistemáticas al entretenimiento. Es preciso desapegarse de todas las formas religiosas, lo que en absoluto significa descuidarlas o dejar de utilizarlas».

Pero dice ‘un Dios verdadero’. ¿Qué reclamaría un Dios no verdadero? Ah, de esos hay tantos… Quizá no sean dioses, pero se lo creen.

De la soledad: los hay que creen burlarla refugiándose en el sectarismo. Ignoran que ser sectario es lo mismo que ser malvado: niega el derecho a la vida a los otros. Lo mismo que los clasistas. Y lo bueno es que tras esto, o a pesar de esto, el terror a la soledad sigue. Pensar que se la ha dado esquinazo es una ensoñación.

Dicen algunos que el mundo será mejor tras este episodio terrorífico. ¿Cómo puede ser mejor si faltan unas decenas de miles de personas que podían haber vivido unos años más?

En las situaciones críticas, hay quien saca lo mejor de sí y quien se vuelve peor. Se va viendo.

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