Auténtico

Luis Eduardo Aute. Imagen de archivo.

Francisco Mares

09-04-2020

Pasando estas fiestas más felices que unas pascuas, es buen tiempo para recordar a los que esta semana han pasado a mejor vida.

En primer lugar hay que acordarse del gran número de anónimos que cada día van pereciendo con pena y sin gloria sin poder cumplir su última voluntad o deseo. Morir en un confinamiento es más triste que morir en libertad. Este virus no es clasista pero es tan sectario que distancia e impide despedirse de la pareja, familia o aliados, anula los sentidos del gusto, amordaza la boca, autocensura el tacto y no deja oler ni a incienso hasta que deja sin respiro en los pulmones. A la clase política, como se le exige a barrenderos y otro personal que ha demostrado tener la oposición más preparada contra la crisis, se le debe requerir la máxima cualificación en cada sector como es lógico en cualquier empleo público basado en los principios de mérito y capacidad. Esto lo venimos diciendo desde antes de las maletas de Delcy y pensándolo desde que a Ernest Lluch, un economista como la copa de un pino, lo pusieron en Sanidad – la maría de los ministerios–para que la Economía no tuviera al mejor. Aun así, porque era un crack, Lluch realizó una importante labor en Sanidad. Los auténticos siempre dan mucho de sí mismos pero la categoría de E. Lluch siempre fue una especie en extinción. Y Felipe González ni ningún otro político era Johan Cruyff capaz de hacer jugar en equipo a cualquiera en todos los puestos e igual o mejor que en el propio. Su fútbol de autor los hacía polifacéticos como un Leonardo del deporte rey.

Entre los últimos fallecidos de relieve, el sábado pasado murió Aute pero siempre tuvimos la impresión de que nos faltó mucho antes. Por su legado polifacético Luis Eduardo fue un Leonardo de las artes, obviamente salvando las distancias como es preciso. Aute ha tenido que morir guardando las distancias pero su grandeza siempre (con todos y en todo momento) fue accesible al trato sin altivez ni falsedad, aunque no tuviera que firmar un disco. Su cercanía a los medios no tuvo la atracción que merecía porque la grandeza de Aute debería haber cabido y no faltado en las pantallas, sobre todo siendo reconocido.

Auteretrato, un documental rebautizado como La libertad de ser uno mismo, indaga en esa dicotomía sobre la base de un artículo de El País del año 2016 (4 días antes de fallecer Cruyff) que con idéntico subtitulo distingue entre sinceridad y autenticidad.

Célebre como cantautor, Aute también hizo cine de cinéfilo. Su afición al séptimo arte influyó sin duda en su faceta como pintor y también en la música y la poesía (también era escultor), ya que una de sus mejores composiciones, si no la mejor, no exenta de crítica a la censura es la que dice: «Cine, cine, cine, más cine por favor, que toda la vida es cine y los sueños cine son».

Entre una y otra clase de pérdidas, queremos trasladar con toda la emoción de un triplete, un cariño triplemente sentido a Pep Guardiola por la muerte de su madre, Dolors Sala, el lunes pasado a causa del coronavirus. Y porque tal día como hoy, un jueves de Pascua de hace 4 años, aunque entonces fue a finales de marzo, habrá recordado que murió de cáncer de pulmón el padre que lo parió futbolísticamente y del que llegó a ser su mejor discípulo: Johan Cruyff. La autenticidad de Cruyff, llevada al extremo por Guardiola, radicó en seguir hasta la muerte su sistema de juego, independientemente de las circunstancias (salvo contados casos del Bernabeu o cuando soltaba a Alexanco de delantero centro), o riesgos (el dream team fue el equipo que creaba peligro en el área contraria y en la propia) hasta identificarse el ADN del Barcelona y de sus equipos inferiores con su idea aunque él ya no estuviera al frente.

Precisamente el lunes, también por coronavirus, murió Radomir Antic, el único que ha entrenado a R. Madrid, Atlético y Barcelona, siendo también para ello decisiva la influencia y referencia de autenticidad de Cruyff. El bueno, en todos los sentidos, de Antic fue destituido del Real Madrid el año que el Barca de Cruyff ganaría la primera Copa de Europa. Y no fue lo peor porque también ganó la liga al perder el R Madrid en Tenerife en el último segundo de la última jornada, al crearse peligro en su propia área como envidiando al Barca de Cruyff. Antic fue echado siendo líder en la jornada de ida en que ganó al Tenerife y se proclamaba campeón de invierno para, tras marcharse, acabar el R. Madrid la temporada en blanco, pero ante el del Tenerife. Pero también la influencia de Cruyff, aún sin comerlo ni beberlo, fue decisiva en su llegada al Barca, ya que al ser destituido el Flaco, se acudió al técnico serbio para purgar de toda descendencia cruyffista al club. Antic dejó sexto al Barca, cogiéndolo a 3 puntos del descenso y duró solo 4 meses para retornar después el club blaugrana al fútbol holandés. La influencia de la autenticidad es alargada como la sombra de un ciprés.

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