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Opinión

Iglesias afila el cuchillo del comunismo

Img. JC
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Javier Caravaca / POLÍTICAMENTE INCORRECTO

31-03-2020

El interés general se puede definir de muchas maneras, pero no será descabellado relacionarlo con el bien de todo el pueblo, con la felicidad de cada uno de sus individuos, o al menos con los bienes que son comunes a todos: felicidad, bienestar, seguridad, utilidad… No parece adecuado, en cambio, relacionarlo con el interés del Estado.

Pablo Iglesias recalca el art. 128 de la Constitución: “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”. Le falta decir que toda decisión debe estar de acuerdo con el interés general, pues no es otra cosa la que inspira buena parte del texto constitucional. El Estado, y también los ciudadanos, no pueden tomar acciones en perjuicio del interés general, sería delito. Sin embargo, cabe sospechar que tras las palabras de Iglesias está el interés del Estado, y no tanto la felicidad de las personas. Ya apunté en otro artículo (Estado de alarma) el peligro que entrañaba la letra pequeña del Real Decreto en lo relativo a requisas y expropiaciones, y ahora Pablo aprovecha el art. 128 para declarar sus intenciones ideológicas: el Estado dispondrá de la riqueza de todos los individuos y empresas para lo que considere “interés general”. Apoya las palabras de Yolanda Díaz al respecto: “El Gobierno de España prioriza el interés general por encima del interés particular.” El hecho de subrayarlo da un poco de miedo. La duda estriba en cómo el Estado, sin el consenso de sus ciudadanos, puede estimar el “interés general” y hacer lo mejor para todos nosotros. Cabe preguntarse si, por el contrario, el Estado, desoyendo el consenso social, hará lo mejor para sus intereses mientras dice que es en favor del “interés general”.

Mi amigo Toni Carro, uno de los comunistas más cariñosos y nobles que conozco, aprovecha para recordarme cuando puede que la propiedad individual no debe ser como la entendemos los liberales y, si ha de existir, debe ser siempre en beneficio del bien común. Ese creo que es el quid de la cuestión: Pablo interpreta que es el momento de poner en práctica su ideología comunista y redistribuir toda la riqueza del país de acuerdo con lo que él considera que es el “interés general”, dando por hecho que el Estado conoce perfectamente en qué consiste eso. Yolanda lo deja caer en su exposición: “de esta crisis vamos a salir apoyando y con más derechos a los trabajadores, con un tejido productivo más fuerte y, sin duda, cuidando a nuestro pueblo.” El énfasis está en los trabajadores y el pueblo, que siempre los mencionan en sus discursos para justificarse, y con “tejido productivo” más fuerte se refiere, obviamente, a otro tipo de tejido productivo, pues el actual, el del libre mercado, está siendo destruido. Debemos entender que imagina un tejido productivo basado en la iniciativa pública y no en la empresa privada: los medios de producción en manos del Estado.

Ese es el hueso de cereza del asunto. No es cuestión de entrar ahora en la discusión de si es mejor un estado liberal o un estado comunista, sino de saber qué nos esconden los gobernantes y cuáles son sus intenciones, pues, de momento, vivimos en democracia y no en una dictadura, y lo que hagan debe ser reflejo de la voluntad de la sociedad. Así pues, es honesto que quieran convertir la socialdemocracia en comunismo, pero no lo es que lo oculten al pueblo aprovechando un punto de la Constitución o refugiándose en eufemismos como el “interés general”.

Si Pablo fuera honesto también recordaría el artículo 33 de la misma, donde “Se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia.” Tampoco perdería la oportunidad de recalcar que nadie podrá ser privado de sus bienes sin la correspondiente indemnización, como tiene reiteradamente reconocido la jurisprudencia del Tribunal Supremo, con el fin de “obtener el valor de reposición compensatoria del sacrificio patrimonial que para el expropiado supone la privación del bien”. Pero quizá no lo sea. Tal vez piense que esta crisis del coronavirus le ofrece una oportunidad maravillosa para poner en marcha sus ideales. A lo mejor espera disponer de toda la riqueza del país para distribuirla a su criterio, sin atender indemnizaciones, por el bien del pueblo. No le culpo. Cada cualtiene el “interés general” a la altura de su integridad ética.

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