Opinión

Ataque a la libertad de expresión

Alfonso Ussía/periodista y escritor./witter
Alfonso Ussía/periodista y escritor./witter

Vicente Torres

25-03-2020

Muchos recordarán que Pedro J. ofreció el espacio de Paco Umbral a Alfonso Ussía. Es fácil darse cuenta que si lo hizo fue para arrebatarle a La Razón sus suscriptores. El interesado no cedió a la tentación y continuó en su medio. Hoy, años después, ha obtenido el ‘premio’ a su fidelidad mediante la censura de un sensacional artículo suyo. Digo que es sensacional con conocimiento de causa, puesto que corre como la pólvora por las redes.

Una democracia, para serlo, ha de cumplir unos requisitos básicos: En primer lugar, necesita demócratas. Es decir, ciudadanos adultos, responsables y con criterio propio. En España se induce al sectarismo, no se lanzan ideas a los ciudadanos, sino consignas; no se enseña a respetar al adversario ideológico, sino que se le señala como enemigo.

En segundo lugar, necesita que el estamento judicial sea independiente. También el
Fiscal General del Estado. Nadie puede garantizar mejor el respeto a los vulnerables o indefensos que los jueces. Es, sobre todo, el necesario freno de la corrupción, puesto que el ser humano es corrupto por naturaleza. Cada vez son más fuertes los intentos de los sucesivos gobiernos españoles para controlar a los jueces, hurtando a los ciudadanos unas garantías que necesitan. Estos intentos, con el actual gobierno, son ya propios de las dictaduras. Dan vergüenza a quienes la tengan.

Y en tercer lugar, es absolutamente necesario que haya libertad de prensa. Que los medios, dentro de las medidas impuestas por leyes razonables y absolutamente democráticas, puedan publicar lo que quieran. El derecho a la información de los ciudadanos es innegociable. Es crucial tener en cuenta que quien paga, manda. Y esto es así porque en España son muchos los medios que sin las subvenciones tendrían que cerrar, y esto significa que obedecen quien les da de comer, y cuando es la Administración se incurre claramente en perversión. Los periódicos ya no fiscalizan al poder, sino que le hacen propaganda. Una estafa a los contribuyentes.

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