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‘El coronavirus ataca sin piedad en 24 horas’

Quirófano Unidad de Patología mamaria del Hospital La Fe.

Testimonio de una enfermera de un centro de mayores que denuncia falta de medios, desinformación y la dureza del contagio por coronavirus en estos focos de infección

Viernes, 20 de marzo de 2020

informaValencia.com.- “El virus actúa muy rápido, en 24 ó 48 horas. A mí me gusta mi trabajo, lo adoro, lo vivo, es vocacional, pero esto…”. Pilar es una joven enfermera que de siete de la mañana a dos de la tarde, cura desde hace ocho años a los mayores de la residencia pública del Ensanche de Vallecas, en Madrid, y otras diez tardes al mes trabaja en el hospital Beata María.

Pero el Covid-19 lo ha cambiado todo y ahora, dice, ya no entra a trabajar igual: “Vengo como un poco resignada porque no siento que se nos está valorando”. Cree que el personal de residencias de mayores debería estar mejor pagado en estos momentos. “No sé, un plus de peligrosidad.

Se saben expuestos porque la enfermedad se está cebando en las residencias y sus trabajadores también están en primera línea de exposición al contagio. “Está pasando en todas los centros, hay mucho brote y hay compañeros de baja”. En la suya, dice, una abuela estaba “perfectamente” el domingo y murió ayer. Otros tres lo han hecho en la última semana. “El coronavirus es muy, muy rápido”, aseguró. La residencia pública tiene a 160 ancianos en sus habitaciones, distribuidos en tres plantas en función de su deterioro cognitivo.

Están aislados y superan los 60 años, aunque son muchos los octogenarios y algunos ya muy dependientes, sobre todo los 48 de la planta más alta, la tercera. “Son los que están peor, con alzhéimer, ictus, los que no se valen ya casi nada por sí mismos”. Pilar lleva una bata de celulosa, unos guantes, una mascarilla y unas gafas. “No tenemos suficientes medios de protección”, reclama.

“Llaman y no les podemos atender a todos a la vez, es muy angustioso y estresante”, explica Pilar, que cuenta que son solo 16 personas para atender por la mañana a los ancianos, 11 trabajadores por la tarde y cinco por la noche. También desagradable está siendo la gestión con los que están mas enfermos. “Llamamos al hospital Infanta Leonor y no te derivan a nadie, ni viene ninguna ambulancia”, denuncia Pilar, antes de relatar que cuando han muerto los abuelos, es la funeraria la que ha acudido a la residencia y la que ha hablado con la familia para que supieran el protocolo.

Cuando Pilar acaba su turno, se quita con cuidado todo el equipo y lo deja en la residencia. En casa, le esperan su madre y una niña de 5 años, a las que no se aproxima hasta que no se ha duchado y ha dejado su ropa de calle dentro de la lavadora. “Yo no tengo miedo de contagiarme, lo que no quiero es que lo pillen en casa. De eso si tengo miedo, de poder ser portadora, no tener síntomas y de que entre en casa”, destaca Pilar.

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