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Opinión

Estado de alarma

Img. JC
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Javier Caravaca / POLÍTICAMENTE INCORRECTO

16-03-2020

El que siente pesar es que desea alguna cosa, decía Aristóteles.

El Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, que es uno solo y con ese nombre tan complejo debe atender asuntos de la más relevante enjundia, ha declarado el estado de alarma en España, gracias a Dios y al Rey. En la introducción aclara con aire de pesadumbre que las medidas “son las imprescindibles”, que “resultan proporcionadas” y que “no suponen la supresión de ningún derecho fundamental”. Las prescindibles, desproporcionadas y que vulneran los derechos no están, por tanto, en la intención del Gobierno, y subrayar la obviedad supone, como todos sabemos, no una sospecha, sino una muestra de bondad y transparencia. Carmen Calvo lo firma, a mayor abundancia, cuya trayectoria debiera tranquilizarnos.

El espíritu del estado de alarma es restablecer el orden público en casos excepcionales, solo eso. Aunque el real decreto no lo menciona, la responsabilidad del Gobierno es tan grande que con las medidas se proponen además “prevenir y contener el virus y mitigar el impacto sanitario, social y económico”. Lo cual es digno de crédito, porque hasta la fecha solo los partidos del Gobierno habían prevenido y contenido el virus respetando escrupulosamente las cuarentenas, censurando las aglomeraciones de gente y evitando manifestaciones y actos multitudinarios que pudieran propagarlo. Con gran éxito, por cierto. Tampoco dudo de que las medidas consigan mitigar el impacto sanitario. El director del Centro de Alertas Sanitarias lleva muchos días diciendo que en España se darán solo algunos casos de infección y de muy poca relevancia, y es un hecho que, aunque hay algunos afectados más de los que pensaba, siguen siendo pocos. La evolución de la pandemia ha sido tan previsible y controlada que con las medidas de ahora podemos ya relajarnos por completo. Otra cosa es el impacto social, pero como a “lo social” le dan un significado que yo desconozco y lleno de matices bienintencionados, estoy seguro de que algo bueno saldrá de ahí. Asimismo el impacto económico, que sin duda será muy pequeño a partir de hoy, pues el confinamiento de los ciudadanos y la clausura de toda actividad no imprescindible es lo mejor para la economía. De hecho, los mercados, asustados en los días previos y con caídas de un 30% en las bolsas, ahora se tranquilizarán y volverán a subir como la espuma, se reanimará el comercio, las empresas y los autónomos verán crecer sus ingresos y aumentará la tasa de empleo. A mayores, el crédito bancario fluirá como nunca, el PIB crecerá y gozaremos de una inesperada estabilidad presupuestaria. Disculpadme el entusiasmo, pero es que con lo bien que nos ha ido hasta ahora no puedo creer otra cosa.

Hay quienes piensan que la limitación de la libre circulación de personas es exagerada y en algunos aspectos absurda. No sé por qué, cuando la actitud del Gobierno ha sido siempre tan firme y certera. No se puede salir de casa para lo que a uno le venga en gana, es lógico, ponga o no en riesgo a nadie, eso es lo de menos. Se puede salir para sobrevivir y ya, que es en lo que estamos. Uno no necesita ir al campo a pasear, podría contagiar a los pájaros y hay que respetar también los derechos de los animales. Por otra parte, han cerrado colegios, discotecas, gimnasios y bares, que siempre fueron focos de maldad. También las tómbolas, los museos y cuatro cosas más que a nadie importan. Y es que no hacen falta para nada, con ir a comprar al súper, o a la panadería, o a la verdulería los veganos, los omnívoros a la carnicería y a la pescadería, o a por vino los borrachos, o qué se yo, a hacerte la permanente, por decir algo, a tintar el traje, al estanco a por sellos, o a por tabaco los viciosos… con eso basta. La gente exagera, ¡pues no hay cosas que puedes hacer!: comprar mascarillas en la farmacia, vacunar al gato, comprar el periódico, mirarte un móvil nuevo en el Carrefour, tirar una carta en Correos con el sello aquel, ir al banco a ver lo bien que van tus acciones, poner gasolina, ir a Tráfico a pagar la multa del mes pasado, ponerle una denuncia a alguien, echarle una mano a tu abuela, que siempre se te olvida, ir al médico -Dios no lo quiera-, pasear al perro o volver por fin a misa. Y no me negaréis que quien ha tenido en cuenta a los perros no está pendiente de todo. Ya sé lo que estáis pensando, pero en esos sitios no hay riesgo de contagio. En el monte sí, en la playa más aún, y ni te cuento en casa de tu madre. Hemos de confiar en que las medidas del Gobierno son las adecuadas para contener el virus, no hay motivos para dudar de ello.

Y lo mejor de todo el real decreto son las medidas relativas a requisas y prestaciones. No puedo estar más de acuerdo. Si es menester se practicarán “requisas temporales de todo tipo de bienes necesarios para el cumplimiento de los fines previstos”, y os recuerdo que son tan loables como contener el virus y mitigar el impacto sanitario, social y económico. No hace falta recalcar que para requisar todo tipo de bienes estamos en las mejores manos, socialistas y comunistas, que son las que más experiencia han demostrado y mejor eficacia. De la misma suerte “podrá imponerse la realización de prestaciones personales obligatorias imprescindibles”, con los mismos fines, claro, no ya los de restaurar el orden público, que es para lo que se declara la alarma, sino estos otros mucho más ambiciosos y deseables. Si han de requisarnos bienes y obligarnos a hacer cosas podemos dormir tranquilos mientras sean Pedro Sánchez y Pablo Iglesias quienes tomen las decisiones.

Y por último, no cabe duda de que, al abrigo del gobierno progresista, socialista y feminista, apoyado por los comunistas y los nacionalistas de toda índole, abordar este estado de alarma es una bendición. Ahora veremos a una sociedad unida reaccionar de forma cohesionada para afrontar la crisis en todo el territorio nacional. Es un alivio que no esté Ciudadanos o el PP en este asunto, por no hablar de Vox, que podrían aprovechar la coyuntura para cometer cualquier atropello con nuestras libertades. Las palabras y el pesar de nuestro Presidente Sánchez, sin embargo, son dignas de toda confianza.

Así que debemos estar tranquilos, que para algo se ha declarado el estado de alarma.

Decía Aristóteles también, por cierto, que la ironía es muestra de desdén.

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