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Opinión

Musas y musarañas

Retrato de Rita Barberá para el Ayuntamiento de Valencia/Img. Ayto
Retrato de Rita Barberá para el Ayuntamiento de Valencia/Img. Ayto

Francisco Mares

06-03.2020

Hace tiempo que ni la universidad, ni la enseñanza en general, son espacios de libertad y pensamiento. En la política, y no te digo ya en la Iglesia o el ejército, no lo hubo nunca pero en la enseñanza y el periodismo el advenimiento del 78 alentaba vientos de optimismo que pronto se vieron contaminados por la represión de los mismos perros con diferentes collares. Una manada en defensa de su raza se previene de cualquiera que pase por su lado aunque no sea su intención pisar una pizca de su territorio.

Pablo iglesias ha sufrido en su universidad un escrache de los que sus compromisarios empezaron a aplicar. Jarabe democrático lo llamaba el que ahora degusta de su medicina. Ortega Smith ya lo tuvo con una pobrecita desvalida minusvalída de la hinchada de la izquierda que va de Camino a Campeones. En el caso de Valencia los escraches, utilizando a gente tan noble como las víctimas del metro, empezaron con las concentraciones mensuales por el accidente del metro, aprovechándose como siempre de los muertos como de las mujeres o de los colectivos que pueden mover pasiones, y desembocaron en las acampadas del 15 M. Cada vez más próximos al consistorio porque el acoso y derribo va progresistamente, despacito y con sigilo , la cosa nostra, una vez retirada Rita Barberá del Ayuntamiento, se proyectó a las inmediaciones de su casa y luego del hotel en Madrid, de donde debía salir a declarar en un juicio en el que se quería callar la boca por fallo multiorgánico atribuido a la bebida y malos hábitos.Rita sufrió un acoso por tierra, mar y aire para caer precisamente en el momento de ir a declarar. Para que no se diga que no se daba opción de retractarse. Rita era lesbiana y festera. En su tiempo Valencia tuvo la igualdad más sin prejuicios. Como en las comedias de enredo de Carlos Iglesias. Todos para una o uno y uno o una para todos o todas. Pero llegaron los de la cía y Rita empezó a beber hasta en el desayuno, al no abrir la ventana para respirar la alegría de un nuevo día.

Rita ya notaba nada más bajar de casa o al ir al mercado eso que los de Loyola llaman musculatura o reproche social. Era el James Stewart de La mujer que sabía demasiado. Así mataron a Rita, porque ese método tan de compañía en la salud y en la enfermedad es matador. El que lo avala se lava las manos, tira la piedra y esconde la mano y utiliza los medios de manipulación para mover esperpénticamente los hilos desde atrás que es lo que más les gusta.

Un servidor hace mucho que conoce esta metodología. Entre otras cosas, porque el libro que no se puede publicar, la denunciaba teniendo ya alrededor a muchos de los espabilados que llegaron a sus poltronas desde la mediocridad de su provincianismo, adúlterando ideas prójimas. Para tener la oportunidad de su vida solo hacía falta someter a conversión las sagradas escrituras y dar el cambiazo hundiendo, aislando o crucificando a su hacedor. Eso sí:por su bien y en su ayuda. Y día a día durante años y años.

A Pablo y a otros, les reprimen como personajes públicos y como tales tienen crédito, seguridad y protección. Pero qué decir de los anónimos que no son opiniones de referencia aunque sí de influencia…Es de risa: quién va a querer perjudicarte a ti que no eres nadie? De eso va el libro que no se puede leer pero todo el mundo ha leído. Una tesis sin precedentes, pues lo normal es que las que se leen no se las lea ni el tribunal que las evalúa. Una imagen recurrente para despedir. Mañana del viernes de fotocopias para aspirar a una plaza de un mísero trabajo. Es campus universitario. A la salida un skate ruge muy detrás porculeramente. Uno tiene su edad pero está más bueno que un Ferrero rocher. No hay motivo pues para la alarma. El skate adelanta y se para en mitad de la acera (no de enfrente) deteniendo el paso al punto de coger el patín a la altura de su boca y de la del transeúnte, que a punto de chocar frena conteniendo la respiración. Encontronazos así, cuando no de atropello más a saco, son el día a día del entorno de trabajo o estudio y de vuelta a casa. Y eso que el acabado del sempiterno libro y las penurias económicas y vitales no dejan ya de por sí ni un segundo para despistarse por el camino en tentaciones desde luego más inspiradoras y reconfortantes (mirar un buen culo, por ejemplo. No penséis mal pero hasta eso se ha hecho delito para perseguir enemigos políticos)

Esto es lo que no quieren (la inspiración de las musas), estos pervertidos del poder. En esta semana de la mujer yo quiero recordar a Rita Barberá, una feminista amante de las mujeres, de las mariscadas y el mejillón, que por otra parte nunca se casó como tampoco fomentó el odio hacia el best seller de los hombres que no amaban a las mujeres. Lo que sí hicieron l@s que la mataron: l@s mism@s que el domingo van a gritar: Ni una menos!

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