A CONTRACORRIENTE Opinión

Mujeres de aquí y de allí

Lidia Falcón/Img.twitter

Enrique Arias Vega/A CONTRACORRIENTE

06-03-2020

Los varones, por fortuna, estamos rodeados de mujeres —madres, hermanas, compañeras, hijas,…— casi siempre mejores que nosotros, con lo que unos y otras salimos ganando.

Se ha puesto de moda, sin embargo, la tesis de que los hombres son genéticamente malvados por lo que la división de sexos —perdón, géneros— debe superarse y acabar siendo uno lo que quiera. Con lo cual, dicho sea de paso, todos salimos perdiendo.

El lío ha afectado incluso a una vieja y batalladora amiga como Lidia Falcón, líder del Partido Feminista, el cual ha sido expulsado de Izquierda Unida y de los momios que ello comporta. Al parecer, el razonamiento de Lidia, abogada e intelectual tan competente como radical, era que su movimiento luchaba por la igualdad de hombres y mujeres y, no por su confusa mixtificación en un magma sexual a la carta, discriminador y sectario. ¿Qué no quieres arroz? —parecen haberle dicho—, pues a la calle de los retrógrados, aunque ella lleve luchando más de medio siglo por la equiparación de derechos de todos los seres humanos.

Para que vean cómo se las gastan los que presumen de tener mentes y piernas abiertas.
Me perturba particularmente el que este nuevo hembrismo extremista, excluyente y totalitario, se encarnice por lo menudo con las presuntas desigualdades existentes aquí e ignore de manera cómplice y estentórea la brutal consideración de la mujer como una especie intermedia entre el animal y la persona que lamentablemente sigue dándose en el ochenta por ciento de la humanidad.

Es como si los sindicalistas tuviesen que pasar por serlo del trabajo esclavo en el mundo; las ONGs se centrasen sólo en beneficiar a los okupas existentes en su propio barrio o los psicólogos se dedicasen nada más a la pederastia intrafamiliar olvidándose de todas las restantes.

Conclusión: todavía sigue siendo discriminatoria la condición femenina, pero a cuenta del hembrismo que se nos impone aún será peor su situación; la suya y la de los hombres y mujeres de un ancho mundo que no se merecen en absoluto lo que les está pasando.

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