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Opinión

Hamlet, Borges

Alegoría del Arte, Cesare Ripa, 1.603. Fuente: Władysław Tatarkiewicz (1991). Historia de la estética III
Alegoría del Arte, Cesare Ripa, 1.603. Fuente: Władysław Tatarkiewicz (1991). Historia de la estética III

Vicente Torres

06-03-2020

*«21 de febrero.- La palabra ayer con la que encabezo el texto que sigue no debe tomarse al pie de la letra, sino que simplemente está ahí como referencia, para hacer notar que se trata de un hecho del pasado, que tampoco hay que considerarlo como aislado, porque otros con distintas formas y apariencia, pero de idéntica naturaleza, se suceden indefinidamente, como en El jardín de los senderos que se bifurcan. Trátalos según tu propio honor y respeto, le dice Hamlet a Polonio. Pero el propio honor y respeto no existe, salvo en raras y honrosas excepciones.

Como decía, acudí a un acto y había cola ante el ascensor para subir a la sala en que iba a celebrarse, por lo decidí subir por la escalera. Saludé al protagonista, que estaba allí mismo, y me hizo saber que también iba a utilizar la escalera. Comenzamos a subir y le dije que había visto a X en el vestíbulo y al levantar la vista nos dimos cuenta de que iba delante de nosotros. Sin musitar siquiera una disculpa, abandonó mi compañía y fue corriendo en busca del otro, al que alcanzó y ya siguió con él. Luego, cuando le llegó el turno de palabra, agradeció a todos su asistencia, pero yo sabía que ese agradecimiento era pura filfa.

Podría pensarse que los que están en la cresta de la ola no se enteran de estos detalles, puesto que a ellos sí que los tratan con deferencia y consideración, pero eso no es cierto, porque saben que no es a ellos a quienes se les otorga el respeto, sino a sus circunstancias, motivo por el cual las hacen notar, las agitan como si fueran sonajeros, para que todo el mundo se dé cuenta del detalle. Otros se integran en tribus, y hacen guiños a sus componentes, para que sepan que son de los suyos y los traten en consecuencia. Tampoco confían en que se les respete por su condición de persona.

Los hay que dicen: Soy creyente, pero luego no se dan cuenta de que yo, como todos, soy hijo de Dios y que mi Padre les puede pedir cuentas por el trato que me dan. Los hay que dicen: Soy socialista, porque los socialistas pensamos en los demás, sin darse cuenta de que yo, como todos, formo parte de los demás, y si no me tratan como proclaman no son consecuentes con lo que dicen, sino falsarios.

También los hay que no son creyentes, ni ateos, ni socialistas, o no saben lo que son, ni les importa saberlo, pero también pretenden hacerse un hueco en la sociedad por medios ajenos a los de la dignidad».

*Extracto del último trabajo editorial de Vicente Torres, todavía sin terminar.
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