Parchis
Opinión

Cristianofobia

Img. Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades

29-02-2020

Una cosa tengo que agradecer a Zapatero [y hoy a Falconetti] y es que gracias a él y su anti-catolicismo tan trasnochado como feroz, volví a pisar la iglesia todos los domingos y fiestas de guardar; y ello para desgracia del cura de turno, que tenía que aguantar en la sacristía, tras concluir la misa, mis disquisiciones teológicas sobre la homilía que acaba de pronunciar.

Posteriormente, gracias también a Zapatero con la inestimable colaboración de Rajoy, dispuse de todo el tiempo del mundo, al tener que cerrar la empresa familiar en la que trabajaba, tras cuarenta años de actividad ininterrumpida.

Así, lo que no pudo conseguir la crisis del petróleo de los 70, la crisis financiera de los 80, y la hecatombe económica de principios de los 90 (fin de fiesta de la era González); lo que no pudieron conseguir, repito, estos tres jinetes del Apocalipsis, lo lograron el torpe del cuarto jinete, ZP, y el gafe que vino tras él, Rajoy, que fue quien dio el tiro de gracia a aquellos que habíamos sobrevivido a calamidad ZP, supliendo con brutales subidas de impuestos su incapacidad e incompetencia a la hora de planificar y liderar la recuperación económica de España. Y ello, amén de conseguir que su partido en particular (PP) y la casta política en general, tuviesen la peor imagen pública de la historia de la democracia. Todo un record, señor Rajoy.

Pues bien, gracias a ZP, Rajoy, y sus mariachis, es por lo que hoy, como parado, tengo tiempo para ir a misa todos los días, y aun me sobran horas para poder escribir poesía. Claro, amén de acordarme cada amanecer de la leche que mamaron de niño los susodichos ZP&RJ.

Pero como no hay situación mala que no sea susceptible de poder empeorar, la nueva panda política que ha llegado, Falconetti&Chepa, han logrado en tan solo cuatro días que miremos menos mal a sus antecesores. Vamos algo parecido a cuando el degenerado Calígula hizo bueno con sus salvajadas a su antecesor, el depravado Tiberio.

Si a todo esto sumamos los vientos de cristianofobia y violencia laicista que corren, y dado que la mayor parte de mi tiempo lo dedico a predicar en las redes sociales la Palabra de Cristo (el único revolucionario auténtico y honesto que ha tenido la Humanidad), igual acabo mis días crucificado o devorado por los leones, a semejanza con los primeros mártires cristianos.

¡Vamos, que al final igual me suben a los altares! lo cual no dejaría de tener su guasa, habida cuenta que, por mi condición de divorciado y vuelto a casar sin haber pasado a cotizar por el Tribunal de la Rota, para la Iglesia Católica vivo en pecado continuo, no pudiendo recibir el perdón en el Sacramento de la Confesión (o de la Reconciliación como dicen ahora tras el “restyling” semántico), ni la Eucaristía (Comunión).

Claro que con mis antecedentes de “indecente y cochino pecador continuo e impenitente”, si al final soy glorificado con la palma del martirio y la jerarquía eclesiástica no tiene más bemoles que beatificarme, seguro que antes me rebautizan, como San Puticio Mártir.

NOTA: El post de hoy lleva el título que lleva, aunque también se podría haber titulado: “EL ARTE DE GANAR ENEMIGOS, EN TAN SOLO UNA CUARTILLA”.

Alguno podrá pensar erróneamente que me importa todo un huevo, y no es así; me importa dos. Como diría Bon Jovi, es mi vida.

print

Agregar comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario