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Opinión

Sánchez es cómplice de Maduro

PPalacio de La Moncloa, lo único que le preocupa a Sánchez./CGEEalacio de La Moncloa, lo único que le preocupa a Sánchez./CGEE
El Palacio de La Moncloa y Franco, lo único que le preocupa a Sánchez./CGEE

Vicente Torres

21-02-2020

Es tal la apetencia de Sánchez por el sillón presidencial que a cambio de eso es capaz de prostituirlo todo y de ponerlo todo en almoneda. Piensa el pájaro que a quienes perjudica es a los españoles, sin darse cuenta de que ya tiene la cabeza metida en el brasero.

Aunque Maduro se agarra al poder mucho más fuerte de cómo lo hizo Pinochet, caerá. Los venezolanos no están dispuestos a soportarlo mucho más tiempo. Y cuando ocurra, el gobierno resultante no se comportará con España con los mismos buenos modos con que lo hace Guaidó en la actualidad.

Quienes viven bajo la bota asesina de Maduro, desesperados, y decepcionados con el gobierno español, vigilan atentamente y toman nota todos los pasos que va dando éste, mediante los cuales los deja a la intemperie y a merced del tirano.

Cuando llegue la hora de pedir cuentas a quienes se han puesto de parte del tirano asesino, podrán testificar a su favor los líderes de la Unión Europea, y especialmente los gobiernos de Francia y Alemania, puesto que según informa ABC, los subordinados de Sánchez les presionaron para que no recibieran a Guaidó. ¡Qué bajo está cayendo España en el ámbito internacional por culpa de ese!

La ministra de Asuntos Exteriores, esa marioneta de Sánchez, se cabrea mucho, como todos los ministros de este gabinete, cuando los periodistas, con la finalidad de informar a sus lectores, les preguntan cosas que no les convienen. Pero en el asunto de envolver en una cortina de humo el vergonzoso papel de España, con su sumisión al criminal y golpista gobierno de Maduro, la marioneta González no está sola, también participa en ese menester el bluf Borrell.

Y de entre los componentes del gobierno con modales miserables, la palma se la lleva el comunista coletudo, que es capaz, sin sonrojarse, de llamar fascistas a los demócratas.

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