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La ESA lanza con éxito la Solar Orbiter, la misión espacial más española de la historia

Impresión artística de Solar Orbiter. Crédito: ESA / ATG medialab
Impresión artística de Solar Orbiter. Crédito: ESA / ATG medialab

Un viaje de 300 millones de kilómetros para acercarse al sol hasta unos 40 millones y descubrir sus secretos

Lunes, 10 e febrero de 2020

informaValencia.com/Agencias.- En torno a las 5 de la madrugada de este lunes y desde el Centro Espacial Kennedy de la NASA, en Cabo Cañaveral (EE.UU), la Agencia Espacial Europea (ESA) ha lanzado a bordo del cohete Atlas V, la sonda Soler Orbiter que realizará un viaje de 300 millones de kilómetros que se espera se alargue, al menos, hasta julio de 2029, si bien misiones como Soho llevan orbitando e informando sobre nuestra estrella desde hace más de dos décadas.

Primero Solar Orbiter tendrá que salir del plano del Sistema Solar (la eclíptica, la línea imaginaria en la que se alinean todos los cuerpos de nuestro vecindario cósmico) y «auparse» un poco. Aprovechando la gravedad de la Tierra y, sobre todo, la de Venus, Solar Orbiter conseguirá inclinar su trayectoria en las sucesivas vueltas que dé sobre el Sol. El próximo mes de diciembre comenzará la primera de las ocho maniobras previstas para utilizar como una suerte de palanca al planeta vecino e ir poco a poco elevándose hasta alcanzar a ver los polos solares.

En la planificación del proyecto se han señalado cuatro fechas alrededor de las cuales Solar Orbiter estaría en condiciones de poder abrir sus escotillas para echar un vistazo en esta región aún no vista por el hombre. La primera será en torno a marzo de 2025, cuando la sonda se encontrará a 17 grados de latitud sobre el plano. Después se sucederán la ventana de enero de 2027 (24 grados), abril de 2028 (30 grados) y julio de 2029 (33 grados). En total está previsto que Solar Orbiter tome instantáneas durante 30 días, un periodo que se podría alargar si los sistemas continúan funcionando más allá de la fecha prevista, calculada para 2029.

La nave de la ESA tendrá un primer acercamiento en febrero del próximo año a 0,5 unidades astronómicas (a unos 70 millones de kilómetros) y un segundo en octubre de 2022 a 0,3 unidades astronómicas (unos 40 millones de kilómetros), lo que la coloca en la segunda que más se ha acercado y dentro de la órbita interior de Mercurio. Pero no se trata de rivalidad, ya que ambas naves tienen diferentes instrumentos con el objetivo de que se complementen entre ellas y con los telescopios terrestres, lo que podrá ofrecer una completa radiografía de lo que pasa en aquella inmensa bola de fuego.

Colaboración española

Solar Orbiter está preparada para soportar hasta 520 grados centígrados gracias a un escudo térmico fabricado con decenas de capas de distintos materiales, desde mantas térmicas adaptadas a titanio y un recubrimiento de carbono-calcio carbonizado hecho a partir de huesos de animales triturados. Además, la sonda cuenta con un espacio vacío entre el escudo y los instrumentos, lo que propiciará que todo el calor se irradie fuera de la sonda. Aún así, el más mínimo fallo en la trayectoria de la nave podría provocar que alguno de los sensores o telescopios quedase «achicharrado», con lo que las operaciones desde Tierra son cruciales. «Si en algún momento la nave se desvía de su rumbo, tenemos muy poco tiempo para rectificar, ya que las temperaturas pueden ser fatales», explican desde el Centro Europeo de Operaciones Espaciales (ESOC).

Este centro será el encargado poner en la órbita correcta a Solar Orbiter, momento en el que pasará a manos del ESAC, el centro de la ESA en Villanueva de la Cañada (Madrid), donde se recibirá toda la información enviada por los diez instrumentos a bordo, que tienen un total de 27 sensores diferentes de los cuales 9 son telescopios. Entre todos medirán, por una parte, las partículas y los eventos que se produzcan en las inmediaciones de la nave, incluidas partículas cargadas y campos magnéticos del viento solar, ondas magnéticas y de radio del viento solar, y partículas cargadas de energía. Y, por otra, observarán la superficie y la atmósfera del Sol, tomando imágenes de altísima resolución de las erupciones solares, por ejemplo.

El objetivo de Solar Orbiter es contestar a estas cuatro preguntas: ¿Qué ocurre en las regiones polares cuando el campo magnético cambia?; ¿cómo se genera este campo magnético dentro del Sol y por qué se propaga más allá de la corona al espacio?; ¿Qué mecanismo es el que acelera de forma endiablada y más allá de nuestras predicciones al viento solar?; y, por último, ¿cómo son de habituales las llamaradas solares y las eyecciones de masa coronal que pueden potencialmente dañar a los planetas y cómo se producen las erupciones extremas que afectan al tiempo espacial? Unas cuestiones que llevarían a la física solar a cotas nunca vistas.

 

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