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Emmy Noether, matemática y gran desconocida

El árbol de Emmy. Eduardo Sáenz de Cabezón/iV.com
El árbol de Emmy. Eduardo Sáenz de Cabezón/iV.com

El también matemático y divulgador científico Eduardo Sáenz de Cabezón rescata su figura en el libro El árbol de Emmy

Lunes, 23 de diciembre de 2019

A.C.- Cuando Emmy Noether falleció en 1935 exiliada en EE UU, Albert Einstein escribió una carta al New York Times donde señalaba: “La señorita Noether fue el genio matemático creativo más importante que haya existido desde que empezó la educación superior para las mujeres”.

Esta científica de ascendencia judía nació en Alemania en 1882, y a lo largo de toda su vida tuvo que superar muchos obstáculos para hacerse un hueco en la universidad, tanto en la de Erlangen-Núremberg, donde se formó y consideraban que la mujeres podrían “derrumbar todo el orden académico”, como en la de Gotinga, donde desarrolló la mayor parte de su carrera.

Pero al final se convirtió en la madre de las matemáticas modernas, contribuyendo de forma esencial a las ramas del álgebra abstracta y la física teórica. Cuando en 1932 pronunció su conferencia en la sesión plenaria del Congreso Internacional de Matemáticas de Zúrich (Suiza) sus trabajos ya eran mundialmente conocidos. Desgraciadamente, al año siguiente Adolf Hitler ascendió al poder y la Alemania nazi expulsó de la universidad a Noether y otros profesores “políticamente sospechosos”, que se vieron obligados a emigrar a EE UU y otros países.

Toda esta historia se cuenta en el libro El árbol de Emmy, recientemente publicado y escrito de forma desenfadada por el matemático y divulgador Eduardo Sáenz de Cabezón (Logroño, 1972), profesor en la Universidad de La Rioja y último presentador del programa Órbita Laika de RTVE.

La matemática alemana Emmy Noether/Img. Wp.
La matemática alemana Emmy Noether/Img. Wp.

Teorema de Noether

Cuenta Eduardo Sáenz para la revista científica SiNC que Noether «desempeñó un papel muy relevante en los inicios del álgebra moderna, que se inicia con el joven matemático francés Evariste Galois. Los algebristas pasaron del estudio de soluciones para ecuaciones al de estructuras algebraicas, un paso fundamental en la historia. Noether fue crucial en este nacimiento y desarrollo de las estructuras algebraicas. Las matemáticas no volvieron a ser las mismas después de ella».

El divulgador explica que a ella «le debemos gran parte de la teoría de anillos (sistemas formados por un conjunto y dos operaciones, usualmente la suma y el producto), los llamados ideales (un subconjuntos especial de anillo) y estructuras abstractas (generalizan operaciones aritméticas mediante números, letras y signos) que están en el centro del álgebra moderna, además de sus aportaciones a la teoría de invariantes algebraicos».

El mundo de las ecuaciones es salvaje y variado, pero los invariantes (propiedades que no cambian) nos permiten poner algo de orden al buscar lo esencial. Respecto a la física teórica, aportó un teorema absolutamente fundamental: el llamado teorema de Noether, que relaciona los conceptos de simetría y conservación».

Sáenz de Cabezón explica el teorema, detallando que «un sistema físico podemos expresarlo mediante fórmulas matemáticas, y luego podemos estudiar la simetría de esas fórmulas. Algo así como qué transformaciones podemos hacerles sin que se note el cambio. Lo que demostró Emmy Noether es que esas transformaciones, esa simetría, está íntimamente relacionada con la conservación de cantidades en el sistema físico que estamos expresando (energía, momento, etc.). Es la forma matemática de comprender la conservación de cantidades físicas».

‘El árbol de Emmy’

El libro habla de otras mujeres matemáticas muy importantes. Una de ellas sería la matemática rusa Sofía Kovalevsky, que vivió en el siglo XIX e hizo aportaciones muy relevantes (en campos como el análisis, las ecuaciones diferenciales parciales y la mecánica) y también tuvo que hacer frente a muchas dificultades. De entre las contemporáneas, quizá la más importante es la estadounidense Karen Uhlenbeck, que además se ha hecho con el premio Abel que, este sí, es una especie de equivalente al Nobel de matemáticas. Ha sido la primera mujer en lograrlo.

La idea de este libro parte de una serie de tuits dedicados a mujeres matemáticas. «Las redes sociales pueden tener una labor muy importante para normalizar el diálogo sobre ciencia, para ser contrapartida de opiniones claramente anticientíficas y para facilitar el diálogo entre la personas que nos dedicamos a la ciencia y las que no», comenta durante el diálogo Eduardo Sáenz. En el caso de este libro, se han incluido hilos de Twitter mantenidos con los divulgadores científicos del grupo Los Tres Chanchitos (Enrique Borja, Clara Grima y Alberto Márquez).

 

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