Literatura RELATOS

Cendal

FOTOGRAFÍA ORIGINAL Francisco Álvarez
FOTOGRAFÍA ORIGINAL Francisco Álvarez

Si por mí fuera, que tus piernas bonitas y tu verbo infinito ocupasen pasillo, cocina y sofá, sería mi enredo sin salida y mi cendal favorito

22-12-2019

Noe Martínez / PALABRAS OLVIDADAS

CENDAL

Si por mí fuera, amarte sería decreto ley, norma a cumplir quieras o no, porque el que ama por dos, tiene para repartir y aun se queda con ganas. Si por mí fuera, aquella vez que acabamos en la cama sin saber si saldríamos de allí con más hambre que sed, hubiese sido una maratón: medalla, mención, medalla, mención, medalla, mención. Si por mí fuera, que tus piernas bonitas y tu verbo infinito ocupasen pasillo, cocina y sofá, sería mi enredo sin salida y mi cendal favorito. Porque no puede morir lo que nunca empieza, pero poco se habla de lo mucho que hiere cuando un antojo se clava. Si por mí fuera, giraría las manecillas del reloj hasta aquel día en el que te dije adiós, queriendo decirte guárdame en sitio, que vuelvo en un momentito. Si por mí fuera, amor, tú y yo aun estaríamos hoy libándonos la boca.

– De sobra sabes lo que pasa… – Apuro el último trago de la taza, antes de incorporarme, preámbulo de despedida y temor a lo que venga.

– No, no lo sé, Beltrán: ¿me lo explicas…? – Me coges la mano, pidiéndome que retome posición en una mesa en la que ya no hay espacio para las excusas.

– ¡Que se lo explique, dice…! – Me dejo caer en la silla de nuevo, haciendo que tus piernas y las mías compartan afán y sorpresa. Extremidades que encajan sin intención ni plano, somos una cómoda de IKEA – Eres lista de más, Anita: sé que no te hacen falta subtítulos…

– Huyes de mí como si quemase…

Me dices, sin reparar en que nunca antes habías estado tan acertada. Porque eso, maldita sea, es lo que me pasa. Que verte, quema. Que olerte, quema. Que compartir espacio y tiempo, quema. Que oír cómo pierdes la cordura por otro que no soy yo, quema. Que reconocerme en ti a cada paso, quema. Que ser amigos ya no me llegue, quema. Todo lo tuyo que no implique intimidad y salir del agua desnudos, buscando un lugar en la orilla, quema. Y quema las entrañas y el porvenir, porque yo, al contrario que tú, Anita, sí soy capaz de ver más allá de una mentira a medias. No vale que hayamos dicho que somos adultos para irnos a la cama cuando las copas y el calorcito aprietan. Por qué coño nadie te dice que ser adulto es compatible con sentir miedo a lo que no te está permitido. Me dejo ir, porque esas veces en las que los abrazos y las risas acaban en caricias, sudor y ganas, son ya mis batallas perdidas antes de empezar. Lo creas o no, amor, a esa guerra voy ya sin arma ni estrategia: perderme en ti y echarte de menos en cuanto rompe el día, es ya mi nueva forma de estar bien y estar bien jodido. El yin y el yang de los zumbados por amor, dementes por ti hasta el hastío. Disculpa que te lo diga así, pero ser tu amigo es ya un disfraz con el que me muevo sin gracia alguna…

– Llámame egocéntrico o capullo, cualquiera de los dos términos me encajan, pero yo no puedo con esta mierda, ¿sabes…? – Levanto la mano, pidiendo al camarero otro café. Alcohol en vena y comerte la boca es lo que necesito, no obstante, aquí estoy, haciendo el gilipollas sin combustible.

– ¿Qué mierda, Beltrán? Tenernos no es una mierda… – Jugueteas con el azúcar desparramado por la mesa con los dedos. Te veo yendo y viniendo. Qué habilidad tienes para convertir en sensual lo anodino. Si no tienes magia, yo ya no sé.

– Tenernos… – Me retrepo sobre la mesa. Estar cerca de ti es necesidad y voluntad. Si eso, voy perdiendo toda compostura, qué coño de invento es este de hacerme el valiente cuando me desarmas.

– Tenernos, sí. Siempre ha sido así, dime que nada ha cambiado porque me muero…

Me rozas las manos sin querer pero queriendo, eso tan tuyo de sí, pero que no lo parezca. Y entonces, algo explota dentro de mí. Porque digo yo, que de nada vale que me empeñe en retenerte a cualquier precio, si el billete del pasaje me cuesta el mismo aire y hasta la vida. Ya, ya sé que debí pensármelo dos veces cuando después de aquella fiesta decidimos que dormir juntos, además de un plan de emergencia, era un simulacro de incendios. A ninguno de los dos se nos pasó por la cabeza que la letra pequeña era la importante. No vale sentir. No vale amar. No vale liarla parda con la idea de que de aquí no salgo si no es bailando para siempre en tu ombligo. Ya en tu casa, lejos del bullicio, de las copas, de las partidas de dardos y futbolín en las que cualquier excusa valía para abrazarse, los mejores amigos se dieron de bruces con Beltrán y Ana, dos desconocidos a los que la vida anterior les sobraba casi tanto como la ropa. No eras la primera mujer bonita que perfilaban mis labios y reconocían mis dedos, sin embargo, todo en ti me supo a primeras veces, a emociones recién descubiertas, a ganas saliendo a flote, como las penas en un copazo de gin con especias y hierbitas. No me digas por qué, mi destreza como amante se vino abajo en cuanto te vio, tendida cual campo de flores. Síndrome Stendhal en estado puro: tanta belleza, Anita, no es bien en un solo cuerpo y con esa carita.

– Será ese mi drama, Anita: que yo no puedo estar a tu lado si no puedo estar también encima… – Dejo caer la cabeza sobre tus manos, aun en la mesa. Lo sé, no me van a dar una medalla al mejor poeta, pero ya me salen los formalismos por las orejas. Asertividad o canibalismo, comerte entera es mi todo o nada, hagan juego, señores.

– Beltrán, no compliquemos las cosas más de lo que están… – Haces girasoles con tus dedos en mi pelo. Tengo la piel como un campo minado. Otro círculo más cerca de mi nuca y salto por los aires.

– Habla por ti, amor, porque a mí ya más lío no me cabe… – Giro la cabeza y tu mano aterriza en mis labios. Besarte. No debo, pero quiero. Quiero tanto, que querer más no puedo.

– Si esto sale mal, ¿a quién le cuento yo que me tengo el corazón helado? ¿A quién le pido parada y fonda cuando me sienta sola en medio de la tormenta? ¿A quién…?

– ¡Shhhhh…! – Te tapo la boca con la mano – ¿Existe una posibilidad de que te dejes llevar sin ponerte siempre en la línea de meta?

– No, no la hay… – Hablas, desafiando a mi mordaza. Tu aliento es húmedo y delicioso. A mi mano se le antoja conocida esta sensación tuya y todo lo mío reacciona. Eres como un pastor eléctrico para mí, dos brutales cables pelados que activan mi identidad y mi género.

– Ya lo creo que las hay…

Donde había manos, pongo labios e intención de no soltarte aunque dos arcángeles bajasen del cielo, anunciando mercadillo y compra de solar por fin de actividad. Así la vida nos atropellase, de ti me separa ya ni Dios. No es besar. Es besar como tú lo haces, que no hay parte de mí que no salte por los aires. Adiós miedos, adiós pupa, adiós, hasta luego, adiós. Porque vivir al límite, sabiendo que el abismo es el precio que hay pagar por sentir algo semejante, poca tasa me parece para tantas ganas meterte dentro a golpe de puro abrazo. El día que te dije que podía con esta mierda de hacerme el fuerte y seguir siendo amigos, a pesar de que tu imagen a horcajadas sobre mí fuese mi cuadrito de Velázquez y mi punto de fuga, mentí como un imbécil. Porque dos que se desean tanto así, no pueden pretender ser civilizados y no tener hambre al ponerse frente a frente. En el amor, como en la guerra, todo vale, Anita, menos farsa. Que te quiero para mí y ya, joder, que tampoco era tan difícil decirlo.

– Los amigos no besan así, Beltrán… – Roneas, mordiéndome los labios.

– Libido, ergo sum…

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FOTOGRAFÍA ORIGINAL Francisco Álvarez

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