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Opinión

Verdugo silencioso

Img. Rosa Muriel
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Rosa Muriel / ASÍ ES LA VIDA

15-12-2019

La verdad duele una vez, pero la mentira duele cada vez que la recuerdas, más que nada porque te atrapa, secuestra tus emociones, cuestiona mil verdades y convierte en artificial lo que hasta ese punto se ha vivido y se ha sentido.

Cuando nos mienten podemos llegar a sentirnos desrealizados. Al fin y al cabo el shock de una vivencia falsa o incoherente llaga a desubicarnos hasta el punto de sentirnos trastornados con nosotros mismos y con nuestra realidad.

Porque aquellas mentiras que se pronuncian para evitar dolor, al final duelen. Y duelen mucho más que cualquier otro sentimiento, pensamiento o emoción provocados por aquello que se intenta ocultar.

Porque la mentira da cabida a muchos tipos de engaños que cuestionan nuestros sentimientos. Y es que además para mentir no es necesario decir mentiras, basta con actuar falsamente y ser fiel seguidor de la hipocresía.

El dolor emocional que genera la mentira a quien no logra justificarla es profundo e inmenso.

El engaño muchas veces es un recurso que busca protegerse de los peligros de la verdad. Sin embargo, esto genera aún más pesar, pues aquellas mentiras que se pronuncian para evitar el dolor, son las más dolorosas, las que perciben más retorcidas y devastan a su paso.

Las víctimas de la mentira, una vez superada esta, somos personas con gran lucidez para descifrar la fragilidad y las debilidades de aquellos razonamientos que un día fueron fuente de nuestros sufrimientos. Por nuestra experiencia logramos hacernos más audaces, comprender y sospechar del peligro que puede acechar.

Entre mentir o decir la verdad siempre estará una decisión, ésta debe ser la más correcta posible, y en el mejor de todos los casos se debe optar por decir la verdad, siempre será más fácil enfrentar una verdad dolorosa, que una mentira. Porque el dolor de la verdad será momentáneo, pero el efecto de la mentira podría destruir o matar todo a su paso.

Es mejor evitar practicar la mentira. Teniendo en cuenta de que solo la verdad nos hace verdaderamente libres.

La mentira es un verdugo silencioso.

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