¡Silba, Sánchez, silba!

Img. A G-T P, facebook

Antonio Gil-Terrón Puchades

12-12-2019

Si yo fuera Sánchez, ¡Dios me libre!, ayer de ningún modo hubiese aceptado el encargo de Felipe VI para formar gobierno; no, hasta no tener “cerrados y firmados” todos los apoyos necesarios para santificar la investidura.

Pero le pudo más la vanidad que la inteligencia, y se tiró de cabeza a la piscina sin pensar que al aceptar el encargo del Rey y anunciarlo a bombo y platillo, lo único que ha conseguido es aumentar -más aún si cabe- el poder y la fuerza de ERC, en una negociación que es vital para su supervivencia política.

Ahora, con las naves quemadas en el altar del orgullo, ya no tiene marcha atrás, y su situación en estos momentos me recuerda a la de la víctima de un cruel juego de estudiantes que se practicaba allá por los años 60, que consistía en que mientras uno le estrujaba los testículos a al elegido, los otros a coro gritaban: ¡Silba, mamón, silba! Y claro, el pobre desgraciado todo lo que conseguía era soltar unos entrecortados y desventados bufidos para risa y malsano regocijo de sus compañeros. Pues eso.

Si espera un mínimo de compasión y empatía por parte de Rufián, no tiene más que mirar cómo define Diccionario de la lengua española el nombre de Rufián: “Persona sin honor, perversa, despreciable.”

Por lo demás tan solo suscribir todo lo afirmado en mi anterior artículo titulado “EL PRECIO DE LA AMBICIÓN”, cuyo enlace pongo por si alguno no lo pudo leer:

https://www.informavalencia.com/2019/12/11/el-precio-de-la-ambicion/

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