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Opinión

Celades vacía las escopetas

Albert Celades con el presidente Murthy. /VCF

Antonio Silvestre 

11-12-2019

Este miércoles ha sido el día de la eterna sonrisa para todos los valencianistas, tras una noche de emoción contenida con ‘patiment’ incluído. La victoria histórica en el Johan Cruyff Arena de Amsterdam nos ha llenado de orgullo, nos ha devuelto aquellas sensaciones no demasiado lejanas de tener un sentimiento de pertenencia a uno de los clubes más importantes del mundo. Porque estar entre los 16 mejores equipos de Europa es estar entre los 20 mejores equipos del planeta. Y eso es algo que, después de los tres primeros meses de temporada que algunos nos han hecho pasar, es mucho.

Porque resulta que unos cuantos informadores de medios de comunicación locales, todavía anclados seguramente en el Bar Torino, han estado disparando postas de escopeta, algunos de recortada para hacer más daño, contra nuestro Valencia, buscando a través de la complicidad establecida con el anterior entrenador y con el anterior director general, la guerra con el propietario Peter Lim, sin miramiento alguno hacia las víctimas civiles que nos encontrábamos en la trayectoria de sus disparos a discreción, al dolor que uno siente cada vez que se habla más del Valencia Club de Fútbol.

Algunos pensaréis que nos reiteramos hasta lo cansino, pero como gente de fútbol que somos, profesionales del balón en distintas disciplinas, hemos soportado las iras de estos francotiradores con la amargura del que no comprende que, para ellos, primero sea darle jabón al filtrador, buscar la medallita ante sus jerifaltes de Madrid o lucirse con simpleza ante sus cada vez menos y pocos oyentes, lectores o aficionados de Valencia. En todo caso, menos reiterativos en nuestra censura a sus actitudes (que no aptitudes) de lo que lo han sido ellos en el ataque gratuito a Celades, a Murthy o a Lim, que insisto, es un ataque al equipo.

Y lo más grave es que con su mensaje corporativo han intoxicado a una gran parte de la afición de calle, a la de la grada, a la de verdad, la del bar y los amigos para ver juntos al Valencia. Han dicho una sarta de falsedades y mentiras interesadas por sus favores recibidos por aquellos dos que ya no están. Como eje pobre de campaña, todos al unísono utilizaban el 4-4-2 como si el fútbol dependiera de tres líneas de regla y cartabón, y nada más.

Que si Lim “había destruído el club” o que “se había hecho un Neville”, escuché un día de uno que hace muchos años fue un gran periodista, hoy un viejete acomodado al que no le gustan que le hagan trabajar demasiado. ¿Puede hacerse tamaña falta de respeto a Lim y Celades con esa afirmación? ¿Es que lim y Celades no son gente de fútbol? La frase le delata por sí misma pero hay que ser muy manipulador para comparar a un exseleccionador nacional con un tío que no había entrenado a nadie y ni siquiera hablaba español.

Otros, algo más descerebrados que el primero pedían que los aficionados vendiesen el pase, que no fueran a Mestalla, como si el Valencia fuera algo de usar y tirar. El problema es que éstos últimos amplifican además al señor que dejó a la entidad en bancarrota y en manos de Bankia, de la que defendía en sus intereses a costa del club. Hoy en día continúan en esa engomada, sin desfallecer en sus pretensiones inútiles.

Unos cuantos que trabajan filiados en radio y otros soportes dijeron que “la camisa del Valencia le venía grande” al nuevo entrenador, al que acusaron de “hacer la cama” por negociar con Lim estando de cuerpo entero el asturiano, escondiendo claro está que el empresario ya había decidido prescindir del vociferante sujeto por sus amenazas y algaradas siempre públicas. Todavía anoche, después del gran triunfo ante el Ajax , el jefe madrileño-asturiano de uno de ellos, que se jacta de ser amigo personal del entrenador anterior, decía que éste se encontraba en Londres estudiando dos o tres propuestas (ja, ja), que estaba estudiando inglés y no se cuantas cosas más que no venían al caso en ese momento si no era para herir el orgullo de todos los valencianistas una vez más.

Y luego está el ilusionista de turno, más antiguo que el Imperio romano, sin ninguna credibilidad empresarial para hacerse fuerte en el club, intentando publicitarse en las Juntas Generales o en entrevistas con los medios en los que pone anuncios de tarde en tarde y que cada vez que habla sube el precio del negocio de Lim. Este si que es cansino de verdad.

Pero ninguno de ellos quiere recordar nunca que el año anterior nos dejó tocados hasta el posterior hundimiento en Champions un equipo llamado Young Boys, que el Arsenal de Emery nos clavó 7 goles en dos partidos en Europe League, que el anterior jefe del banquillo quería ceder a Ferrán Torres, a Manu Vallejo y a Kang In Lee para traer a Rafinha que no es titular ni en el Celta, a Denis Suárez que despreció al Valencia, que se deshizo de Lato para luego reclamar a voz en grito un lateral izquierdo, que dejó en un rincón a Rubén Sobrino al que él había fichado… Ninguno quiere recordar que fueron los futbolistas y solo los futbolistas, los auténticos artífices de la clasificación para Champions y del título ante el Barcelona, cuando ellos mismos criticaban en sus espacios nacionales el juego que desarrollaba el equipo, que aburría y desesperaba partido tras partido.

Yo quiero desde esta humilde tribuna que me da la oportunidad de hacerlo, felicitar sinceramente al señor Peter Lim y darle las gracias porque ha sido un gran acierto despedir a Marcelino y traer a Albert Celades. Un Celades educado, discreto, trabajador, experto en estrategia, dedicado al principio a apagar todos los incendios provocados por el anterior técnico, un sociólogo que ha sabido templar con el caso Guedes y cargar con los desprecios, con una plaga de lesionados constantemente (de ésa preparación física anterior, de ésas papillas, tampoco dicen nada los señoritos) que ha afrontado con seguridad e inteligencia, moviendo sus peones con un efectivo acierto en cada ocasión. Con doctores asturianos o valencianos, con el VAR en contra, obviando elegantemente la metedura de pata del presidente y sobre todo, convirtiéndose en una máquina de generar millones de euros para las arcas del club.

Lo de ayer es el triunfo de la verdad sobre la mentira, aprovechando la implicación de una plantilla realmente ejemplar y comprometida. La guinda para todos estos insatisfechos sería repetir noche mágica contra el Madrid y cerrar el año en posiciones Champions. A más de uno se le iban a amargar las Navidades.

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