Opinión

‘Sin Valencia no hay independencia, sin desobediencia no hay independencia’

Reproducción parcial del artículo de ayer en el diario Las Provincias de su director Julián Quirós/Actualizado 22’00 horas

Lunes, 02 de diciembre de 2019

informaValencia.com.- Ni las numerosas sentencias judiciales en contra de sus políticas pancatalanistas («sin desobediencia…»), ni las promesas incumplidas respecto de los más de 11.000 alumnos que siguen en barracones después de no haber puesto en funcionamiento ni un sólo centro escolar por gestión propia tras más de tres años y medio en poder, ni el fracaso puramente electoralista de su plan «Edificant», proyecto por el cual se preveía la subvención a ayuntamientos para la construcción de centros educativos, ni las denuncias de Isabel Bonig que advierte (aunque sea siempre a gritos) «que los nacionalistas de Compromís y Podemos, quieren la catalanización de esta sociedad». Nada.

Como los golpistas catalanes, con el mismo libro de ruta que consiste durante la mayor cantidad de años posible en la intoxicación de nuestros universitarios, del alumnado de Bachillerato y de Secundaria con el idioma catalán por bandera, con la contratación regular y constante de productoras y compañías nacional catalanas para los teatros Principal y Rialto y resto de los de su gestión directa que continuamente representan el argumentario promocional secesionista, con las descaradas desviaciones presupuestarias al patrocinio de grupos y asociaciones independentistas. Y por último, como cualquier líder del nacional sindicalismo de la extrema izquierda de antaño, imponiendo cada día más como herramienta diferenciadora clave el catalán tristemente aceptado en nuestra sociedad, en los centros oficiales de trabajo, en la sanidad, en los colegios y hasta intentándolo en la enseñanza concertada, ante una cada vez más preocupante falta de contundencia de las demás fuerzas sociales, partidos políticos (PP y CD’s), APA’s y entidades culturales que continúan riéndole las gracietas, Marzà prosigue su estrategia que es un peligro inminente para nuestra identidad valenciana y para nuestra convivencia, de lo que dan fe las anteriores evidencias.

Al respecto, ayer el director del diario Las Provincias, Julián Quirós, lo explicaba en un revelador y completo artículo (que recomendamos) en el que avisaba de las intenciones del conseller de hacerse con el poder plenipotenciario en Compromís. Para aquellos que no hayáis tenido oportunidad de leerlo, a continuación reproducimos la última parte del esclarecedor y citado artículo.

Julián Quirós

«El ascenso de Marzà a la primera línea sitúa a la Comunitat Valenciana en la senda del procés. Habrá quien este juicio le parezca exagerado. Repasemos. El conseller de Educación borró sus tuits horas antes de su nombramiento para evitar ser descubierto. No obstante, al poco apareció una entrevista radiofónica en la que había dicho: «hay naciones oprimidas del Estado español… los països catalans son una realidad política que tienen que ir a más… ni el Constitucional ni las leyes de España pararán el proceso, se tiene que hacer tanto si es legal como si es ilegal… sin Valencia no hay independencia y sin desobediencia no hay independencia, se habrá de hacer tanto si quieren como si no quieren… contentos de que el Principado pueda dar este paso que ya llegaremos nosotros…» Justo aquí arranca la responsabilidad directa de Ximo Puig. El PSPV es cómplice y coautor de lo que vino después. También conviene recordarlo. Casi cuarenta condenas judiciales por atentar contra los derechos educativos, incluido un modelo general de enseñanza tumbado por los tribunales. Dio igual, pusieron en marcha otro más o menos similar, que por medio de la coerción administrativa ha llevado a que sea dificilísimo estudiar en castellano en la Comunitat, dificilísimo. Pero es clamar en el desierto, los intereses para que se minimice esta realidad son fortísimos, como pasaba en Cataluña hace tres décadas. Hoy el sistema educativo muestra dos caras. Una es la red pública, corporativista y pujolizada, en expansión, donde ya no cabe estudiar en castellano y que sigue el referente catalán; está fabricando víctimas. La otra es la red concertada, abierta a las familias y a la tradición cultural hispánica, y como no se somete se la acosa. El momento es complejísimo y los nacionalistas cuentan con las manos libres; unos no quieren denunciarlo porque participan del ideario, otros por cobardía para no dar a entender que son lo que son, otros por interés pecuniario. Como en la época pujolista, se puede ganar mucho dinero mirando para otro lado o haciendo las palmas. Porque hay muchos millones en juego, fuera de los que van destinados a las escuelas. Hay tantos que un juzgado de Barcelona investiga si Marzà ha destinado medio millón de euros para financiar el procés a través de ciertos medios de comunicación. Hay tantos que Torra le acaba de entregar otros tres millones de euros a ciertas entidades valencianas para que prosigan con su encomiable catalanización. Pero no es política, no, dicen, sólo están construyendo escuela pública, ciudadanos responsables. Con la complicidad de Puig. Con el silencio de los mansos y de los mercaderes». 

 

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