Opinión

El Rey, de nuevo, da la talla

Su Majestad el Rey Felipe Vi, con el uniforme de Capitán General del Ejército de Tierra./LV
Su Majestad el Rey Felipe Vi, con el uniforme de Capitán General del Ejército de Tierra./LV

Vicente Torres

30-11-2019

Por parte de fuentes oficiosas, se ha transmitido la información de que el descarado que viene ocupando la Moncloa desde hace algún tiempo, con nefastas consecuencias, que pueden empeorar considerablemente, pretende enviar al Rey, otra vez, a un lejano país, pero SM no se va a dejar tomar el pelo https://casarealdeespana.es/2019/11/27/el-rey-se-planta-y-le-dice-no-a-sanchez/

«Usted no es decente», le espetó Sánchez a Rajoy, presidente del gobierno en aquel momento, y a continuación, en lugar de esmerarse y tener una conducta ejemplar, lo que ha hecho es poner cada vez más alto el listón de la indecencia. ¡A indecente no le gana nadie!

El Rey demostró que sabe estar aquel famoso 3 de octubre, cuando desmontó una felonía del propio Sánchez, que el día anterior se había lanzado, metafóricamente, al cuello de Rajoy, y se vio obligado a volver a la senda constitucional.

Los degenerados vieron entonces que el Rey es un dique que protege a los españoles honrados y desde entonces insisten en desacreditarlo. Le tienen planteada una batalla en términos muy duros, sobre todo porque juegan sucio, muy sucio, y cualquier idea decente les resbala. En ese menester están personas de la calaña de Colau, Iglesias, Rufián, Montero, Otegui, Sastre, etc., todos ellos aliados o aspirantes a serlo de Sánchez. En ese nivel está España ahora mismo.

El caso es que lo que ha hecho Sánchez con el PSOE no debería ser legal. Ni los socialistas debieron haberle consentido que lo hiciera, ni debería estar permitido por las leyes. Habría que exigir a los partidos políticos que tuvieran un régimen de funcionamiento interno que impidiera el caudillismo. No puede ser que alguien, como es el caso de Sánchez, haga y deshaga a su antojo sin que nadie en el partido, pese a la incomodidad que generan sus actos, pueda pararle los pies. Los partidos deberían exigir a sus afiliados un nivel alto de calidad democrática.

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