Un artículo de El País pide acabar con la familia como institución y con la heterosexualidad

Imagen de archivo de una familia.Imagen de archivo de una familia.

«Las mujeres son objeto de violencia porque son culturalmente situadas en una posición política subalterna frente al hombre hetero-patriarcal»

Lunes, 25 de noviembre de 2019

informaValencia.com.- Algunos pensarán a leer nuestro titular que hay un error en el mismo ¿El País? Pues sí, el diario El País, adalid de la información de esa parte de la sociedad que se considera -entre otras cosas- en un escalón de superioridad moral por leer este boletín oficial socialista, es capaz este lunes (y no será la última vez) de publicar un texto que raya la putrefacción, la descomposición natural antes de la muerte por su falta de viabilidad, lo que viene a decirse morir matando.

En un texto de un tal Paul B. Preciado, filósofo transgénero feminista según Wilkipedia, bajo el título  «La heterosexualidad es peligrosa», se escribe que «los asesinatos de mujeres en el ámbito doméstico se producen dentro del marco de una relación heterosexual» para lanzar a continuación y sobre esa base una serie de sorprendentes afirmaciones y propuestas.

Bajo el pretexto del Día Internacional contra la Violencia de Género, asegura que «las mujeres son objeto de violencia porque son culturalmente situadas en una posición política subalterna frente al hombre hetero-patriarcal» y elucubra con una serie de citas de escritoras o activistas feministas, como por ejemplo Cristina Morales, de la que toma la afirmación de que vivimos en «culturas ‘macho falo neoliberales’ donde la violencia se ejerce sobre todas las mujeres y sobre todos los cuerpos no-binarios y no heteronormativos».

Y no guarda ningún pudor en reconocer su provocación  de persona escasamente instruida al definir la heterosexualidad como «un régimen sexual necropolítico que sitúa a las mujeres, cis o trans, en la posición de víctima y erotiza la diferencia de poder y la violencia», por lo que «la heterosexualidad es peligrosa para las mujeres» y, por tanto, éstas deben ser lesbianas como una forma de militancia política y feminista.

«Que cada mujer tenga un arma y sepa usarla»

En el nauseabundo artículo relaciona que puesto que hay una «relación silenciada entre violencia y heterosexualidad» y es preciso reconocer «que la mayor parte de los abusos y las violencias sexuales contra niños, niñas y niñes (sic) tienen lugar en el seno de la familia heterosexual» esto nos «llevaría a la abolición de la familia como institución de reproducción social». Y como sentencia recalca que «no necesitamos casarnos. No necesitamos formar familias. Necesitamos inventar formas de cooperación política que excedan la monógama, la filiación genética y la familia hetero-patriarcal».

El artículo sigue insistiendo en afirmaciones tan estúpidas como «decir que hay mujeres que son naturalmente heterosexuales es tan falaz como (decir) que los hombres son por naturaleza violentos» o que «la heterosexualidad no es una orientación o una opción sexual, sino una obligación política para las mujeres».

Insiste también en hablar de «heterosexualidad recalcitrante» y de que ésta «no ha dejado de ser por ello igualmente mortífera» y asegura que «los hombres cis» son los que «deben iniciar ahora un proceso de des-identificación crítica con respecto a sus propias posiciones de poder en la heterosexualidad normativa» y, sobre todo, tiene que «des-machificarse, des-fachoizarse, des-neoliberalizarse».

El artículo finaliza con dos afirmaciones: que «sólo la des-patriarcalización de la heterosexualidad permitirá redistribuir las posiciones de poder», que «sólo la des-heterosexualización de las relaciones haría posible la liberación no sólo de las mujeres, sino también y paradójicamente, de los hombres» y que, mientras tanto, «que cada mujer tenga una pistola y sepa usarla».

 

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