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Opinión

Partido Socialista Obrero Español, la organización más corrupta del mundo

Zarrías, Grñán y Chaves, los responsables socialistas condenados por el expolio de las arcas públicas en Andalucía/Img. ag.

Manuel Huerta

20-11-2019

Han sido 40 años de gobierno socialista en Andalucía, los mismos en los que el Partido Socialista Obrero Español nos ha robado a todos los españoles cientos de millones de euros y una inmensa dosis de paz y tranquilidad. A mí me preocupa más llegar a fin de mes y que lo hagan mis hijos y sus familias, cierto es. Pero en ese horizonte de dificultades económicas que vislumbramos desde finales de 2007 muchos millones de ciudadanos, en el que de una u otra forma más o menos grave nos hemos visto sumergidos la mayoría, indigna especialmente este asunto de la corrupción política cuando uno las está pasando canutas por una situación sobrevenida.

Y es que, curiosamente, ese meter la mano sin control durante tanto tiempo se está dando en las comunidades autónomas. Es la retahíla interminable de escándalos que, hoy sí y mañana también, vemos asociados de modo sistemático a los Gobiernos regionales, con independencia de cuál sea su sesgo ideológico. Y en lugar de emplear cuerpos funcionariales autónomos e independientes del poder político en un riguroso y objetivo proceso de selección, aquí se ha optado históricamente por el enchufismo y el amiguismo con sus vicios compartidos más arraigados, la corrupción y el nepotismo.

Por tanto, teniendo en cuenta “el progresismo” de robar 855 millones entre ERE’s, cursos de formación falsos, tarjetas Visa de sexo y empachos de caviar, y si muchos nos ennoviamos con el programa de VOX al efecto, si no en todos sus puntos sí al menos en centralizar las competencias que generan las tentaciones de llevarse las mordidas en modo billetes o en modo votos de tantos desahogados, en modo adoctrinamiento en las aulas o en modo de cada vez más grave déficit sanitario, habría que decidir al menos separar de forma radical la administración de la política, para erradicar de una vez por todas a los delincuentes del puterío y las mariscadas. Y puesto que en los funcionarios del Estado apenas se da el caso por la propia dependencia directa de ministros y secretarios, sometidos a la estricta vigilancia del Congreso y de la prensa, hay que afrontar con urgencia la posibilidad de desmontar los chiringuitos de bandas políticas organizadas en torno a las Comunidades Autónomas.

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