Mass media

Francisco Mares

13-11-2019

Los medios se comunicación, que supuestamente garantizan la libertad de expresión tan añorada desde la dictadura, se curan en salud criticando que en el debate político apenas se hable de Cultura.

La nobleza siempre estuvo comprometida con el poder y la política de hoy se basa igualmente en la influencia en la opinión pública de los periodistas de caché que proceden mayoritariamente de familias con pedigrí . Como espejo o modelos a seguir la nobleza fue siempre, imposible acceder a la realeza, el título a que aspiraban hijosdalgos, arribistas y otros outsiders de la escalada de trepas que puebla la pirámide de lo social.

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, la voz de cualquiera de estos profetas interfiere en nuestros pensamientos erigiéndose en marcas a seguir merced a un proceso de apadrinamiento o empoderamiento por parte de mecenas que los aupan en su función. Son marcas de consumo a las que rendir devoción.

Lo que ha cambiado es que ahora estos hij@s de alta alcurnia tan bien pagados, son los bufones que deben servir de divertimento al pueblo. Su orgullo de protagonismo legitima su sangre pura y limpia (pues aunque hay mucha Red social jamás se mezclan con el populacho), por un adinerado equipo de psicólogos y expertos en la manipulación de las emociones. Por eso el periodismo es una de las carreras con menos igualdad en la salida para los hijos de familias que no sean ‘de probada virtud’ .

Los periodistas de élite que ganan sumas indecentes como lectores al dictado de la dictadura de enchufados al buen vivir a costa del prójimo, son los cómplices de los políticos. La política es otro oficio donde puede no exigirse titulación superior para ejercer. Los dos presidentes de la Generalitat, valenciana y catalana, no terminaron la carrera de Periodismo pero ya empezaron sus prácticas nada menos que en la agencia Efe y otros enclaves de abolengo. Lo llaman Cultura del esfuerzo. Como el ministro de Fomento, que hizo Magisterio porque era la carrera más corta, a ellos lo que les gusta es figurar como a los periodistas que les dan pantalla para mayor gloria de sí mismos.

Los periodistas y los políticos, como nobles del siglo XXI, en tanto que descendientes de familias acomodadas, han tomado la voz de la conciencia que los moralistas de rigor ejercían en la plaza pública. Hasta el Rey de España vió su continuidad en un matrimonio mezclándose con la casta del periodismo. Una modelo en ropa interior disputaba el trono y un periodista de recio abolengo se opuso en nombre del decoro y las buenas costumbres a esa alianza tan hedonista .

No se debe criticar que los políticos no hablen de Cultura cuando un canal, presuntamente progresista, como el de Ferreras y Pastor, no para de dar pábulo de maratón a las chorradas que dice uno u otro de los grupos políticos día tras día. Solo la erótica del poder permite explicar estas relaciones que dan pie a retoños con más derechos que la clase a la que se dirigen.

¿ Sabéis cuanto ganan entre los dos este matrimonio u otros que nos apremian con el hambre en el mundo y por la lucha de la desigualdad? Hemos luchado por encumbrar a gente que nos adoctrina en humildad y sacrificio y que como Woyming tiene un montón de pisos además de un sueldo de millonario. Un médico que gana en el periodismo adoctrinando como no ganarán los que salvan vidas. No hemos luchado contra la dictadura para esto. Además puedo certificar que ninguno es tan accesible como parece. No merecen nuestra atención. Digamos no a esta gentuza. No es descabellado que un partido, se llame como se llame, vete a la profesión si es ejercida por sinvergüenzas. ¿Hablará bien la Ser ahora de Podemos y Podemos de la Ser?

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