Un presunto pederasta se enfrenta a más de cien años de cárcel por abusar sexualmente de niños de su congregación religiosa

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El fiscal pide 111 años de prisión para el supuesto educador y le acusa de 11 delitos contra menores de edad / ACTUALIZADO 19:00h.

Lunes, 11 de noviembre de 2019

M.Cañardo.- La suma de todas las penas que solicita la Fiscalía alcanza los 111 años de cárcel para el acusado de abusar y agredir sexualmente a siete menores de edad que pertenecían a su misma congregación religiosa (Testigos de Jehová).

Los hechos sucedieron entre los años 2009 y 2016 en un municipio de Camp de Morvedre, de acuerdo con la información facilitada por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV).

En el juicio de la sección tercera de la Audiencia Provincial de Valencia que ha comenzado este lunes, la fiscal Mercedes Bascuñana describe en su escrito de acusación la manera en la que operaba el presunto pedófilo. El acusado, estudiante de Magisterio en aquellos años, se presentaba ante los padres de los chicos, de edades comprendidas entre los ocho y los catorce años, como educador de la congregación que les ayudaba en sus estudios o les orientaba si tenían algún problema, ganándose así su confianza.

Los supuestos abusos y agresiones sexuales a las víctimas se produjeron tanto en el domicilio del procesado, en Valencia, como en la vivienda de unos familiares suyos de Andalucía, o durante acampadas, viajes y encuentros religiosos en otras comunidades autónomas.

El escrito detalla como el acusado amedrentaba a los chicos cuando estos se negaban. Por ejemplo, a uno de ellos “le hacía regalos de todo tipo, desde teléfonos móviles a un ordenador portátil, excursiones, viajes…. Cuando las víctimas se oponían, él se enfurecía y se mostraba muy violento». Para la fiscal, estas muestras de ira y sus amenazas eran su arma para que las víctimas guardaran su infierno en silencio durante años hasta no poder más.

El Ministerio Público solicita inicialmente para el acusado penas que suman 111 años de prisión por cuatro delitos de agresión sexual (tres de ellos de carácter continuado) y siete delitos de abusos (tres continuados). Las vejaciones consistían en masturbaciones, felaciones y penetraciones anales, además del daño psíquico y moral que han padecido los jóvenes. El juicio se prolongará hasta el próximo miércoles.

El acusado niega las acusaciones

El acusado ha negado estos extremos. Ha explicado que su función en la congregación no era de educador, sino que era «una función normal, como cualquier otra persona», y ha insistido en que la relación con los niños era de «colegas, de amigos», a los que le gustaba ayudar. Ha negado besos y abrazos y ha puntualizado: «Algunos niños, cuando me veían, me daban un abrazo, pero yo no les tocaba».

En esta línea, ha aseverado que «en ocasiones» daba clases a algunos menores pero porque se lo pedían los padres, no porque él se ofreciera. Las mismas solía darlas en casa de los niños, o bien en el comedor o bien en la habitación. Ha dicho que a veces cerraba la puerta «porque los ruidos molestaban» pero no porque aprovechase para abusar de los menores.

También ha explicado que acompañaba a algunos niños a la piscina. En concreto, preguntado por uno de ellos que sufre autismo, ha manifestado que lo llevó porque se lo pidió su abuela. «La abuela me pidió que lo llevara a la piscina y le echara una mano», ha aseverado.

En esta ocasión, la Fiscalía describe un episodio de tocamiento pero él lo niega: «No toqué a nadie. Eso no ha sucedido», ha subrayado, al tiempo que ha aseverado que ha ido muchas veces a casa de la abuela con los menores y ha indicado que el padre de los mismos le llegó a mandar un mensaje para darle saludos de parte de los niños.

Una gran parte del interrogatorio de la fiscal se ha centrado en un menor al que se llevó de viaje en múltiples ocasiones. Ha indicado que cuando lo conoció tenía 13 años y su relación era de «colegas», de «buenos amigos» –él tenía 26–.

A este menor se lo llevaba con sus amigos a cenar, a pasear o a la bolera «porque él quería ir y los padres le dejaban», ha insistido. «Yo no le invitaba, él quería venir y pedía permiso a sus padres«, ha dicho, y a sus amigos les parecía bien, según ha comentado.

A partir de las Fallas de 2014 empezaron a quedarse a dormir juntos. Primero un fin de semana, en su casa, en su habitación «pero con varias camas», ha puntualizado. Pero ha negado que pasara nada de tipo sexual. Sí ha explicado que el menor le narraba sus experiencias con terceras personas y ha indicado que él intentaba desviar la conversación porque «no hay por qué hablar de eso».

En Semana Santa se lo llevó a una casa familiar en Sevilla durante cuatro días y durmió en una casa con él y su abuela, ha dicho. Y tampoco mantuvieron relaciones. «Eso se lo ha inventado», ha aseverado. Tras ello, se fueron juntos a un camping y durmió con él en una caravana, así como a Benidorm o a Huesca, entre otras escapadas a las que siempre se lo llevaba «pagando a medias», ha puntualizado.

Con este menor, a quien ha matizado que no consideraba su pareja, ha afirmado que empezó a distanciarse en 2016 porque una persona le alertó de que había causado problemas y había tenido un mal comportamiento.

Respecto a otro menor, con el que ha aseverado que también compartió en una ocasión un sofá-cama, ha dicho que no le escribía poemas de amor ni tampoco le consideraba su pareja ni le besaba. Con otros niños ha dicho que no se fue de viaje pero sí les dio clase en ocasiones. Tampoco les dio masajes en sus partes íntimas ni se enfadaba con ellos por rechazarle porque «esto no pasaba», ha repetido.

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