Gastronomía

Paladares del corazón

El presente más inmediato nos devuelve al pasado. La nostalgia avanza con credenciales inmortales en busca del recuerdo a los profesionales y gastrónomos fallecidos este año

Viernes, 01 de noviembre de 2019

Tino Carranava

Un día como hoy sobrevuela en la memoria como un acontecimiento reposado que abandera el repaso a eternas sobremesas. Se convierte en un refugio para recordar a los amigos: camareros, hosteleros, cocineros, críticos, gastrónomos y proveedores que han fallecido este último año. No hay jornada que no soñemos con volver a deslizar los ojos por las legendarias jornadas que hemos disfrutado con su compañía y buen hacer.

Los recuerdos suenan en total consonancia con el ambiente de especial emotividad. Cada una de las imágenes se sucede en la película gastrónoma grabada en la memoria culinaria. Travelling gastronómico donde saborear y disfrutar era habitual. Hay profesionales y establecimientos que forman parte de nuestra vida para siempre y a los que debemos un recuerdo. Como hermanos en la emoción, la hostelería y la nostalgia también siguen vidas paralelas.

El presente más inmediato, nos devuelve al pasado. La nostalgia avanza con credenciales inmortales en busca del recuerdo. El metraje gustativo de la memoria culinaria no se termina, demostrando así que ni el tiempo, ni la ausencia pueden hacer olvidar aquellas personas que han marcado de manera sublime nuestro camino.

Sobremesas de antaño surgidas por la inmediatez del Día de Todos los Santos donde los obligados títulos de crédito de este relato recogen el recuerdo a todos los que nos han dejado. El vínculo entre la gastronomía y la amistad es, sin duda, uno de los más fecundos y los paladares del corazón no son indiferentes.

Img. LR

El auscultamiento emocional nos garantiza el avistamiento de las secuencias de barra y sus mágicos momentos grabados en las retinas donde los recuerdos suenan en total consonancia.

La sobremesa de un día como hoy se convierte en un menú de emociones mientras las vivencias pretéritas se descomponen en sentimientos para volver a reunirse. Flashback nostálgico para recordar platos, cócteles y detalles. Fotogramas de clientes y camareros con la amistad más allá del horizonte de la barra. Desenlaces inesperados, con final abierto a varias posibilidades, donde los tristes fundidos en negro y la transición entre sobremesas dispara las anécdotas.

La duración del recuerdo no es un tiempo de fuga, ni un escape de la realidad actual, es una sesión continua, con la memoria acelerada, del travelling entre clientes y profesionales cuando disfrutar y charlar era algo común.

Basta recordar su presencia para dar por terminada la reflexión. Acuden con notable celeridad a la deseada cita de la nostalgia experiencias que siguen creciendo en cada nueva visión, con inmarchitable poder de veneración.

La capacidad de atrapar el pasado y dotarlo de una irrenunciable forma de existencia, mientras estimulamos como notarios emocionales las imágenes que perpetúan aquellas experiencias donde se aprendía que en la vida hostelera también hay indios buenos y vaqueros malos. Y por supuesto que el largometraje gastronómico no siempre es una película en tecnicolor. Todo ello con la gastronomía como hilo conductor y los bares y restaurantes locales como telón de fondo.

Rendir homenaje es una forma de gratitud. Y estas deudas nunca terminan de pagarse. Paladares del corazón.

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