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Cultura MÚSICA

Se apaga la voz de Jessye Norman, la diva más importante de América en el siglo XX

Jessye Norman/Platea M.,

Cantó Haendel con Muti en Florencia, en la Scala con ‘Aida’ y Abbado, ‘Los troyanos’ de Berlioz y junto a la Filarmónica de Viena y James Levine. Ganó cinco premios Grammy, incluyendo el concedido a la carrera

Viernes, 11 de octubre de 2019

Ana Miralles.- La ciudad de Augusta, donde nació la gran soprano estadounidense Jessye Norman, recientemente fallecida, anunció junto a la familia de la artista una serie de eventos y funerales que se llevarán a cabo en la localidad a lo largo de cuatro días, para honrar su arte y su carrera. Así y desde ayer 10 de octubre con un funeral a las 10 de la mañana en la Mt. Calvary Baptist Church, su despedida se alargará hasta las 12 del mediodía del día siguiente. Ese mismo día, por la tarde tendrá lugar el nombramiento de una calle con el nombre de la artista: Jessye Norman Boulevard, frente a su escuela para jóvenes la Jessye Norman School of Arts. Durante el día 12 tendrá lugar un servicio religioso en el The William B. Bell Auditorium de la ciudad y el domingo 13 se dará un concierto benéfico, a favor de la mencionada escuela, con la participación de destacados artistas como Lawrence Brownlee, Audra McDonald y Harolyn Blackwell.

De Jessye Norman (Augusta, Georgia, 15-IX-1945 – que acaba de fallecer en Nueva York, 30-IX-2019), se dijo que tenía una desfasada personalidad de “prima donna”. Sorprendió en 1989, cuando cantó La Marsellesa en el bicentenario de la Revolución, junto al obelisco de la Concordia, envuelta de la cabeza a los pies por una enorme bandera tricolor con diseño del modista Azzedine Alaia.

Su nombre comenzó a sonar tras ganar un concurso de canto de la Radio Bavara de Munich y residir en la Deutsche Oper de Berlín. Luego vendrá Florencia donde canta Haendel con Muti. Se presenta en la Scala con «Aida» y Abbado. Comienza a referenciarse ante personajes estatuarios, de movimientos amplios, de distante grandeza. Desde Rameau a Purcell, Strauss y Wagner. En 1983 llega al MET de Nueva York en una sonada producción de «Los troyanos» de Berlioz. También encuentra un espacio natural en el Festival de Salzburgo desde donde se han recordado las décadas de relación artística tras su debut en 1977 junto a la Filarmónica de Viena y James Levine. Norman ha sido una de las cantantes estadounidenses más condecoradas, con cinco premios Grammy, incluyendo el concedido a la carrera. Alguien comprometido socialmente con proyectos como la escuela de artes creada junto a la Fundación Rachel Longstreet.

En 1987 cantó en Salzburgo, el Liebestod de Isolda (obra que nunca llegó a interpretar completa) junto a Herbert von Karajan. La sutil flexibilidad con la que se alarga el texto, la contenida gestualidad, la pureza de la voz sobre el tapiz de la orquesta, dan cuenta de algo sublime y, difícilmente repetible. Todo es mayestático y grave. Todo esencial. Digno de una preparación meticulosa pero, sobre todo, de una innegable dimensión espiritual. Algo que hasta sus más acérrimos críticos, si es que en verdad hay alguno, siempre reconocerán.

De su faceta artística destacaba su imponente presencia escénica, la voz grande y voluptuosa. En rigor se trataba de una soprano lírica o lírico-spinto, pero el timbre apuntaba hacia colores de mezzosoprano. La suntuosidad, la robustez y la sensualidad como puerta a una expresión tantas veces exquisita, capaz de pianísimos sorprendentes, fraseos amplios y emocionantes.

Referencias: Platea Magazine/Alberto González Lapuente-ABC/El País/La Vanguardia

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