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Religión

La Santa Sede deplora los delitos motivados por el odio

Img. Vatican news

Intervención de Monseñor Joseph Grech en el Encuentro sobre la Implementación de la Dimensión Humana de la OSCE

Jueves, 26 de septiembre de 2019

Antonio Casañ.- Durante la 14 sesión del Encuentro sobre la Implementación de la Dimensión Humana del OSCE, dedicada a los “Delitos motivados por el odio”, Monseñor Joseph Grech, Consejero de la Misión permanente de la Santa Sede ante la Organización Internacional en Viena, destacó que “la Santa Sede sigue confiando en que la OSCE, de conformidad con su naturaleza de organización de seguridad, al tiempo que condena todos los delitos motivados por el odio y los actos de intolerancia violenta y discriminación injusta, elaborará una respuesta específica a esos fenómenos que pueden socavar la paz y la estabilidad de la región euroatlántica y euroasiática”.

Grech comenzó así su intervención en el Encuentro sobre la Implementación de la Dimensión Humana de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que se celebra del 16 al 27 de septiembre en Varsovia, Polonia, según informa el Servicio de Información Católica (SIC).

El Prelado recordó que, desde las consultas de Dipoli realizadas en 1973, la Santa Sede siempre ha insistido – y sigue insistiendo – en el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales de todos, sin distinción de raza, sexo, lengua o religión, como factor esencial para la paz, la justicia y el bienestar, necesario para garantizar el desarrollo de las relaciones de amistad y la cooperación entre los Estados participantes.

Violencia, intolerancia y discriminación

Grech precisó que la Santa Sede deplora los delitos motivados por el odio, los actos de intolerancia, la discriminación y la violencia contra cualquier persona humana, y ha condenado repetida y decisivamente la violencia contra las personas y todo signo de discriminación injusta. De hecho, la Iglesia católica, siguiendo el ejemplo del buen samaritano descrito en el Evangelio, en cada momento de la historia y en formas siempre nuevas, se ve desafiada por el mensaje de amor que le ha sido confiado por su Divino Fundador, Jesucristo. Es un amor que ve al hombre o a la mujer en necesidad y no se deja distraer por otras consideraciones.


“Si bien es cierto que no existe una definición universal de la noción de delito motivado por el odio y, en particular, no existe un acuerdo universal sobre las características de las personas que deben protegerse mediante leyes y políticas específicas, se puede decir que estas amenazas abarcan los delitos motivados por prejuicios”

El Consejero de la Misión permanente de la Santa Sede manifestó la preocupación y consternación de la Sede Apostólica porque hoy en día muchas personas y comunidades siguen siendo objeto de amenazas o actos de hostilidad o violencia debido a su identidad racial, étnica o religiosa. “Los actos de intolerancia y discriminación constituyen una amenaza para la cohesión social en los Estados participantes y afectan no sólo a la víctima, sino también a la comunidad en general. Sin embargo, no todos los actos de discriminación constituyen una amenaza directa para la estabilidad de la comunidad internacional o pueden desencadenar la violencia y el conflicto a mayor escala, poniendo en peligro las relaciones pacíficas entre los Estados”.

Fomentar leyes para combatir los delitos de odio

Monseñor Grech concluyó que es necesario que los Estados participantes se comprometan a promulgar leyes adecuadas para combatir los delitos motivados por el odio. En particular, los que se refieren a la raza, etnia, nacionalidad o características similares. Por otra parte, no existe tal consenso sobre otras categorías, que se protegen con mayor o menor frecuencia.

Y como en diversas ocasiones afirmó el Papa Francisco “se debe tutelar los nuevos derechos de nuestro tiempo. Paradójicamente, existe el riesgo de que, en nombre de los derechos humanos, veamos el surgimiento de formas modernas de colonización ideológica” por parte de los más fuertes y de los más ricos, en detrimento de los más pobres y de los más vulnerables.

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