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Lo que California le debe a Fray Junípero Serra

Retrato de Fray Junípero Serra/ABC

El fraile franciscano participó en la colonización de este estado junto a Gaspar de Portolá

Jueves, 05 de septiembre de 2019

informaValencia.com.- A finales del siglo XVIII, España, ostentaba la soberanía sobre la casi totalidad del territorio de Estados Unidos, a excepción del cuadrante nordeste, donde se asentaban las colonias británicas, y había colonizado todo el sur, desde Florida a Nuevo México.

Beatificado por el papa san Juan Pablo II el 28 de septiembre de 1988, y canonizado por el papa Francisco, en la ciudad de Washington D. C. el 23 de septiembre de 2015, Fray Junípero Serra fue creador de las primeras vías de comunicación y de asentamientos estables en la región de California. La estatua de Serra representa tradicionalmente a este estado en el Capitolio de Washington. Un reconocimiento a la importancia de las misiones para vertebrar lo que hoy es un territorio de EE.UU. y para dar un futuro a los indígenas en un mundo que nunca más sería tan compasivo con ellos.

Junípero Serra dedicó toda su vida a la protección y evangelización de los indios de California. Se preocupó por su bienestar, porque cultivaran la tierra y se convirtieran en personas integradas en la nueva sociedad. «Fue un hombre de su tiempo, un religioso que fundó misiones que representaron islas de cultura y piedad en la California del siglo XVIII y que más tarde se convirtieron en grandes ciudades.

Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el franciscano acometió la fundación de nueve misiones (ocho en California) con el objeto de poblar el norte de esta región. Con una salud quebradiza y una edad avanzada, el santo mallorquín ofició la conversión de 4.646 nativos y sentó las bases de un inmenso éxito en la urbanización hispánica. «Fundar misiones era una tarea en la que se buscaban fines múltiples: evangelizar, poblar, organizar… Para que vivieran “de manera civilizada”, se buscaba que los propios habitantes colaborasen en la construcción de las poblaciones en las que iban a vivir», aseguraba ahora hace un año al diario ABC, María Saavedra, autora del libro «La forja del Nuevo Mundo».

En entredicho

Con la fiebre del oro cuando la llegada de miles de mineros estadounidenses desde el este dio lugar a lo que algunos han calificado de «hecatombe» demográfica. «Las misiones lo que hacían era preservar a los indígenas que se fueron extinguiendo con su secularización. El genocidio llegó por el oro», explicaba al mismo diario Enriqueta Vila, perteneciente a la Real Academia de la Historia.


A su fallecimiento en Monterrey (Alta California), una región a la que había dedicado su salud y sus esfuerzos, no constaba en ninguna parte que Fray Junípero Serra hubiera contribuido a la muerte de ningún ser humano y, sin embargo, sí que las nueve misiones franciscanas que había fundado salvaron a miles del hambre, la marginación y de los colonos más depredadores

Todavía en nuestro tiempo se pueden apreciar los beneficios que dejaron los franciscanos. Las grandes ciudades de este estado –San Francisco, San Diego y Los Ángeles– conservan el nombre original de las misiones. Asimismo, la historiadora especializada en la conquista de América María del Carmen Martín Rubio pudo comprobar durante un viaje a la Alta California que se siguen sembrando algunos de los cultivos introducidos por el fraile desde sus tierras mallorquinas. «En San Carlos Borromeo, donde se encuentra la misión tal cual era en tiempos de su fundación y se halla enterrado, Fray Junípero es totalmente admirado, y también lo es en los pueblecitos», explica Martín Rubio, que achaca la campaña a una «manipulación política» y no basada en la realidad.

El mallorquín incluso se llegó a ganar la enemistad del gobernador y de muchos de sus compatriotas, más ávidos de codicia, por su excesivo celo a la hora de proteger a los indígenas. Después de un ataque indio a la misión de San Diego, en 1776, consta que el religioso pidió al primer comandante general de las Provincias Internas, Teodoro de Croix, que no se ejerciera la violencia contra los culpables.

Estatua de Fran Junípero en Washington/Archivo

California

Pero en 1761, el embajador español en Rusia informó que los rusos bajaban desde Alaska, instalando factorías comerciales en la costa pacífica. Y España, extremadamente celosa de sus derechos soberanos, se vio apremiada a frenar semejante avance, adelantándose en la posesión.

Ese y otro motivo, decidieron al rey Carlos III a ocupar California. Se trataba de una región poblada de nativos sin cristianizar, y en esto España y la Corona, que había recibido del Papa la misión de evangelizar las Indias, era también sumamente escrupulosa.

Y por eso se llamó Santa Expedición al salto colonizador desde México a California, una operación meticulosamente diseñada, y para la que se dispuso una doble jefatura militar y religiosa. Para la primera, el catalán de ilustre familia Gaspar de Portolá. Para la segunda, un enjuto franciscano nacido en Petra, Mallorca, llamado Junípero Serra. No se pudo elegir mejor.

Se previno la empresa sobre dos polos: fundar en San Diego, en el sur de California, una Misión y un Presidio (que no era una prisión, sino un fuerte protector de los misioneros), y desde allí proyectar la gran ofensiva colonizadora, fundando en la bahía de Monterrey, en el corazón de la costa californiana, la Misión que había de ser el núcleo de la ocupación española.

San Diego

La primera parte del plan se ejecutó según lo previsto: llegados por mar a San Diego, fray Junípero se queda organizando la Misión de San Diego de Alcalá, y Portolá parte por tierra con una partida de soldados y mulas, para localizar Monterrey e instalar el embrión colonizador español.

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