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Opinión

Los colores del gris (II parte): el renacer

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Antonio Gil-Terrón Puchades

18-09-2019

¿Quiénes, o qué, somos en realidad? ¿Acaso frutos del azar? ¿Hijos de la nada? O, peor aún, hijos de una reacción química que despierta – como en el resto de animales – el instinto de reproducción… Y de ser así, para qué tanto pensar; para qué tanto sufrir, si corremos por un angosto pasillo recibiendo palos, tras una zanahoria a la que tan solo de vez en cuando nos dejan mordisquear, mientras en nuestra impotencia, intentamos construir sueños sobre un mundo de pesadilla…

Y si luego no hay nada más, ¿qué locura sin sentido es esta? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué cruel química es esa que me permite pensar, si en muchos casos no puedo hacer nada salvo dejarme arrastrar? ¿Qué cruel química es la que produce la impotencia?

¿Por qué me siento pleno, obrando el bien? ¿Por qué algo me impele a combatir la injusticia? ¿Será también por una reacción química de mi cerebro, fruto de la evolución? ¡No!; porque hay una mayoría que se deleita haciendo justo todo lo contrario.

Ahora, pocos son los científicos que se atreven a discutir el diseño inteligente de la Creación. Un diseño perfectamente orquestado en el que todo cuadra y tiene sentido. Pero es en el ser humano y su consciencia racional y emocional, cuando la cosa cambia, ya que en él no solo cabría hablar de diseño inteligente, sino de diseño inteligente y sádico; de una broma macabra, si esto es todo y no hay algo más tras la muerte del cuerpo.

Claro, salvo que estemos dotados de un espíritu inmortal que, a través de diferentes existencias, camina errante a la búsqueda de sus orígenes perdidos; a la búsqueda del camino de regreso a casa; el retorno a aquel mundo sin dolor ni lágrimas del que una vez fuimos justamente expulsados por hacer alguna trastada.

“En el crepúsculo de la memoria volveremos a reunirnos, volveremos a hablar juntos, y cantaréis para mí un canto más profundo: y si vuestras manos vuelven a encontrarse en otro sueño, construiremos otra torre en el cielo.” Kahlil Gibran.

«El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada». Palabras de Jesucristo recogidas en el Evangelio [Juan, 6:63].

Somos polvo, pero polvo de estrellas. Polvo vivo que nunca muere sino que da la vida y se la lleva de esta maldita tierra, mientras regresamos a nuestro principio, más allá de donde duermen las estrellas.

 

Ver también: LOS COLORES DEL GRIS (PRIMERA PARTE)

https://www.informavalencia.com/2019/09/17/los-colores-del-gris/

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