Amancio le da otro disgusto a Podemos

Amancio OrtegaAmancio Ortega y su hija Marta en imagen de archivo/L

Vicente Torres

15-09-2015

No ganan para disgustos los podemitas. Quisieran lujo para ellos y ruina para los demás, como ocurre en la Venezuela de sus admirados Chávez (un Orinoco de lágrimas, dijo Monedero que había derramado su muerte) y Maduro.

Sánchez se niega a darles la oportunidad de arruinar a España, porque alguien le debe de haber avisado de que él también saldría perdiendo y encima Amancio Ortega da noventa millones.

Amancio representa todo lo que los podemitas odian. Ellos quieren gente sumisa, dependiente de su voluntad, sometida a sus caprichos… De ahí su afición a hacer escraches, para demostrar quien manda, para doblegar a los díscolos y espantar a los extraños.

Los podemitas son crueles y en sus ensoñaciones confesadas muestran una extraña afición a la guillotina, al látigo, a la tortura, al empalamiento, pero al mismo tiempo son tremendamente cursis, ya se ha visto con Monedero, pero no solo con él. Ahí está el macho alfalfa atusándose las coletas con una gracia y una delicadeza sin igual. Es una pena que no coincidieran en el Congreso el macho alfalfa y el enano de Tafalla. Ahí sí que hubiéramos tenido una pugna de altos vuelos, un repunte del macherío (no me he podido resistir a inventar la palabra).

Amancio Ortega es un señor que ha sabido abrirse camino en un sector en el que la competencia es muy grande. Eso tiene un mérito enorme. Su caso no es como el de otros cuyos negocios son hegemónicos en sus sectores. En el negocio de Amancio hay competencia en todas las ciudades de todos los países del mundo. No es fácil lo suyo. Merece la admiración y el aplauso. Y en lugar de querer hacer el mal a la gente, prefiere hacer el bien. Esto es lo que no le perdonan los podemitas, aunque en lugar de decirlo así lo expliquen con retorcidos argumentos.

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