En defensa propia

Arnaldo Otegi, líder de la banda terrorista ETA.

Vicente Torres

28-08-2019

Moralmente, solo está permitido perjudicar a otra persona si se actúa en defensa propia. La dulce venganza, que es el sueño de tantos que son más que los necios, no sirve para nada. Para comprobarlo no hay más que leer a los clásicos que han pensado sobre ello y lo han hecho bien. Pero si no tienen ganas de leer, lo digo yo: la venganza solo sirve para que el vengador se ponga a la misma altura, o a una inferior, de quien le había ofendido.

Abundan, hay que decirlo, quienes no sienten ninguna preocupación por ser injustos; en quienes concurre dicha característica son, inevitablemente, devotos de la diosa Impunidad. Es decir, ya tenemos aquí la definición de una mala persona. La de quienes, como es el caso de Otegui, ese maldito etarra, se conforman con creerse buenas personas, cuando lo correcto no es creerse sino intentar serlo y procurar no obrar de forma injusta nunca, y saber que aun así va a ocurrir y estar atentos por si sucede y logran darse cuenta.

En cambio, los hay que necesitan perjudicar a otros, como si con ello se sintieran mejores que sus víctimas. Pero no. Cuando la única finalidad es perjudicar a otra persona, cuando esa otra persona no la está amenazando, ni supone ningún peligro para ella, quien lleva a cabo la acción es un bicho.

Además, quienes actúan en contra de alguien, a destiempo, sin necesidad y dando por hecho que su acción va a quedar impune, o que el daño que reciban por ello será mínimo en comparación con el que le hacen a la persona que odian, quizá porque la envidian, demuestran claramente su maldad.

Debería haber un sitio, no hablo del infierno, en el que cada cual se viera a sí mismo tal cual es, no como quiere verse. Claro que si lo hubiera sería después de la muerte, y entonces la cosa ya no tendría remedio.

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