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ARTE Cultura

Madrid bien vale una gran exposición

Giovanni Boldini. Scialle rosso [El mantón rojo], c. 1880. Colección particular. Cortesía de Galleria Bottegantica, Milán.

La capital acoge algunas grandes exposiciones que entusiasman a entendidos y neófitos en el mundo del arte 

Valencia, martes 27 de agosto de 2019

Manuel Huerta.- Madrid siempre vale la pena de visitar, por su cercanía y las diversas posibilidades de desplazamiento, la calidad de sus servicios, la variedad de su oferta de alojamiento o la calidad de la gastronómica, y el confort que tiene en general como gran ciudad.

Si además, podemos visitar algunas de sus grandes exposiciones, ésas que es muy difícil poder contemplar si no es en la propia capital, resulta la alternativa idónea a unos maravillosos días de asueto entre una de las expresiones culturales más enriquecedoras.

El sueño de la razón o la sombra de Goya

En el Teatro Fernán Gómez, Centro de Arte, se conoce con el nombre de Pinturas negras (1819-1823) el conjunto de 14 pinturas que Goya realizó al óleo directamente sobre las paredes de dos salas -pisos bajo y alto- de la llamada Quinta del Sordo, próxima al río Manzanares, propiedad que adquirió en 1819 y que legó a su nieto Mariano en 1823, antes de marchar a Francia. Fueron trasladadas a lienzo por Salvador Martínez-­Cubells, restaurador del Museo del Prado, en 1874 y donadas por su propietario, el barón Frédéric Émile d’Erlanger, en 1881, al Estado, que las asignó al Museo del Prado, donde se conservan.

Entre ellas se encuentran algunas pinturas tan célebres como Duelo a garrotazosSaturno devorando a un hijo o Perro semihundido. Con motivo del 200 aniversario del inicio por parte de Goya de su creación, el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa prepara para septiembre una muestra dedicada a la gran influencia que la figura de Goya sigue ejerciendo en el arte de nuestro tiempo.

Comisariada por Oliva María Rubio, la exposición incluirá obras datadas a partir de 1950 y hasta nuestros días, con piezas de la generación de artistas que formaron parte del grupo El Paso, fundado en Madrid en 1957, como Antonio Saura, Manuel Rivera o Rafael Canogar, además de otros autores como Eduardo Arroyo, Darío Villalba o el Equipo Crónica.

También se mostrarán creaciones de artistas internacionales como, entre otros, Zoran Music, Robert Longo, Yasumasa Morimura, William Kentridge o Simon Edmonson, y también de españoles como Simeón Sáez Ruiz, Rogelio López Cuenca, Pilar Albarracín, Eva Lootz o Antoni Muntadas. Obras pertenecientes a géneros como la pintura, escultura, fotografía, serigrafía, instalaciones o audiovisuales.

‘Duelo a garrotazos’ o ‘La riña’​ es una de las ‘Pinturas negras’ que Goya realizó para la decoración de los muros de la Quinta del Sordo que adquirió en 1819.

“El siglo XVIII, también llamado el Siglo de las Luces, aquel en el que la Razón creyó triunfar sobre el oscurantismo de la Religión, también fue el que erigió altares para adorar a la Diosa Razón, esa que, como bien señala Goya, produce monstruos”, recuerda la comisaria. “Como buen hijo de la Ilustración que había creído en la inteligencia, en la fuerza de la luz sobre las sombras, en la razón y en el progreso, Goya traduce en obras como las Pinturas negras o Los desastres de la guerra su gran desilusión con esos ideales de igualdad, de civilización y progreso”.

Con Goya también se introducen en el arte temas como lo subjetivo, lo grotesco, la violencia, la deformidad, la locura, el sueño…, tan recurrentes en el arte moderno y contemporáneo. De ahí que André Malraux señalará que con Goya “comienza la pintura moderna” y que Valeriano Bozal considere a Goya como “icono del arte moderno que proyectará su larga sombra en el arte posterior”.

Boldini y la pintura española a finales del siglo XIX

En la Fundación Mapfre, en la Sala Recoletos, bajo los comisariados de Francesca Dini y Leyre Bozal encontraremos, del 19 de septiembre de 2019 al 12 de enero de 2020, la exposición dedicada al pintor Giovanni Boldini (Ferrara, 1842 – París, 1931), uno de los retratistas italianos más importantes del cambio de siglo.

Instalado en París desde 1871, fue conocido como uno de los primeros pintores de Montmartre. A pesar de que gran parte de su producción coincide con el nacimiento del impresionismo, este movimiento no alteró su manera de pintar. Siempre se mostró como un resistente que buscaba innovar desde otros puntos de vista.

La gran exposición Boldini y la pintura española a finales del siglo XIX. El espíritu de una época, se adentrará por primera vez en la pintura de este artista en diálogo con la de otros pintores españoles que formaron parte de los círculos parisinos de la Belle Époque, tales como Raimundo de Madrazo, Joaquín Sorolla, Rogelio de Egusquiza, Martín Rico o Francesc Masriera.

Influido a partir de su llegada a la capital francesa por la obra de Meissioner y Fortuny, Boldini mantuvo un estilo único a lo largo de toda su vida basado en la intuición del instante y el movimiento, reflejado con rápidas pinceladas pero sin perder nunca de vista la figura y la expresión del retratado, al que aporta insólitas posiciones y puntos de vista que marcan un punto de inflexión en ese género milenario.

Historia de dos pintoras

En el Museo Nacional del Prado, del 22 de octubre de 2019 al 2 de febrero de 2020, tendrá lugar la exposición de las obras más importantes de Sofonisba Anguissola (ca. 1535-1625) y Lavinia Fontana (1552-1614), pintoras que alcanzaron reconocimiento y notoriedad entre sus contemporáneos, a pesar de y al mismo tiempo, por ser mujeres.

Sofonisba Anguissola, ‘Retrato de la reina Ana de Austria’ (detalle), 1573. © Museo Nacional del Prado

Sofonisba perteneció a la pequeña nobleza de Cremona y, por su condición aristocrática y sus habilidades para el retrato, llegó a España como dama de corte de Isabel de Valois, posición que condicionó su dedicación a este género pictórico. Por su parte, Lavinia se formó en el ámbito doméstico junto a su padre, Prospero Fontana, y llegó a tener un taller muy activo en Bolonia a finales del siglo XVI, con una variada producción de pinturas religiosas, mitológicas y retratos.

Ambas supieron romper con los estereotipos que la sociedad asignaba a las féminas en relación con la práctica artística y el arraigado escepticismo sobre sus capacidades creativas y artísticas. La exposición Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, comisariada por Leticia Ruiz, jefa del Departamento de Pintura española del Renacimiento del Prado, pondrá de manifiesto el arte de estas dos mujeres cuyas figuras se fueron desdibujando a lo largo del tiempo, pero que en los últimos treinta años han vuelto a despertar el interés de investigadores y público.

Los impresionistas y la fotografía

En el Museo Nacional Thyssen Bornemisza, del 15 de octubre de 2019 al 26 de enero de 2020. El papel primordial que ha adquirido la fotografía en el arte contemporáneo ha hecho resurgir el interés de la historiografía artística por el impacto que su invención provocó en las artes plásticas. Bajo el título Manet, Degas, los impresionistas y la fotografía, el Thyssen se suma a esta línea de investigación, planteando una reflexión crítica sobre las afinidades e influencias mutuas entre fotografía y pintura, sin olvidar la fructífera polémica entre críticos y artistas que su aparición desencadenó en Francia durante la segunda mitad del siglo XIX.

DEGAS, Edgar_Bailarina basculando (Bailarina verde), 1877-1879_515 (1971.2)

Desde los primeros daguerrotipos de finales de la década de 1830 y, sobre todo, tras el descubrimiento en años posteriores de las técnicas de impresión fotográfica en papel, la relación de la fotografía y la pintura fue muy estrecha. El ojo artificial de la cámara de fotógrafos como Le Gray, Cuvelier, Nadar o Disderi, por citar a unos cuantos, estimuló en Manet, Degas y en los jóvenes impresionistas el desarrollo de un nuevo modo de mirar el mundo.

La fotografía le valió al impresionismo no solo como fuente iconográfica sino también como inspiración técnica, tanto en la observación científica de la luz o en la representación de un espacio asimétrico y truncado como en la exploración de la espontaneidad y la ambigüedad visual. Asimismo, por influencia de la nueva factura impresionista, algunos fotógrafos comenzaron a preocuparse por la materialidad de sus imágenes y a buscar fórmulas para hacer sus fotografías menos precisas y con un efecto más pictórico.

La muestra, comisariada por Paloma Alarcó, se articulará en ocho capítulos temáticos –El bosqueEl aguaEl campoMonumentosLa ciudadEl retratoEl desnudo y El movimiento– en los que confluyeron los intereses de pintores y fotógrafos.

Musas insumisas

En el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, del 25 de septiembre de 2019 al 23 de marzo de 2020, se puede contemplar esta singular muestra de vídeos de Delphine Seyrig (1932-1990), conocida sobre todo por los papeles que interpretó en el cine francés de autor y, muy especialmente, en El año pasado en Marienbad(1961) de Alain Resnais, figurando como símbolo de una feminidad idealizada y sofisticada.

Al mismo tiempo, colaborar con cineastas mujeres como Chantal Akerman, Marguerite Duras o Ulrike Ottinger le permitió explorar otros papeles femeninos y deshacer su propia imagen de diva. A mediados de los setenta del siglo XX, junto con la vídeo-realizadora Carole Roussopoulos y la traductora Ioana Wieder, produjeron una serie de vídeos bajo el nombre colectivo de Les Insoumuses [Las Insumisas].

En sus cintas, como Sois belle et tais-toi [Calladita estás más guapa, 1976], SCUM Manifesto [Manifiesto SCUM,1976] y Maso et Miso vont en bateau [Maso y Miso van en barco, 1976], el vídeo se convirtió en una herramienta emancipadora y un agente de activismo político.

Archivo audiovisual

En 1982, las tres mujeres fundaron el Centre audiovisuel Simone de Beauvoir en París, estableciendo un archivo audiovisual sin precedentes sobre algunas de las luchas que estaban teniendo lugar en la época, tanto en Francia como en otros lugares, entre ellas: la disputa por el aborto legal; contra la tortura y la guerra de Vietnam; por los derechos de las trabajadoras sexuales y las prisioneras políticas, así como la implicación en el movimiento de la antipsiquiatría.

La muestra Musas insumisas: Delphine Seyrig y los colectivos de vídeo feminista en Francia en los 70 y 80 explorará en el Museo Reina Sofía a partir de septiembre la intersección entre las historias del cine, el vídeo y el feminismo en Francia.

Centrándose en la emergencia de los colectivos de vídeo de la década de 1970, la exposición propondrá reconsiderar la historia del movimiento feminista en Francia a través de un conjunto de prácticas con medios audiovisuales, atendiendo a la red de alianzas creativas que surgieron en un tiempo de gran agitación política.

Alianzas creativas

Tanto Seyrig como su amiga y también actriz Jane Fonda, la realizadora Babette Mangolte, la poeta y pintora Etel Adnan, la escritora y activista Kate Millett o la filósofa Simone de Beauvoir se presentan como nodos de un tejido más amplio, plural y transnacional.

Películas, vídeos, obras de arte, fotografías, documentos y materiales de archivo dialogan en secciones que muestran las preocupaciones políticas que el movimiento puso sobre el tapete en ese momento histórico, y que resuenan en problemáticas que conciernen al arte y la política de hoy, mientras l+s feminist+s continúan construyendo alianzas, se levantan contra el sexismo estructural de la industria del cine y desafían los roles de género normativos.

Las a menudo incómodas posiciones de Seyrig entre lo estético (cine, vídeo), el sistema del trabajo (profesión e industria) y el activismo están marcadas por un continuum entre la actriz y la activista que recuerda la vigencia del eslogan feminista de los 70 “lo personal es político”.

Esta muestra ha sido organizada por el Museo Reina Sofía en colaboración con el LaM (Lille Métropole Musée d’art moderne, d’art contemporain et d’art brut), donde se expone hasta el 22 de septiembre, y el Centre audiovisuel Simone de Beauvoir.

Las artes del metal en al-Andalus

En el Museo Arqueológico Nacional, del 17 de diciembre de 2019 al 26 de abril de 2020, una exposición que reunirá por vez primera en un mismo espacio las principales obras maestras de la metalistería islámica de al-Andalus; dando a conocer el alto grado tecnológico, el saber científico y el gran refinamiento artístico alcanzados por esta civilización medieval.

A través de la excelencia de los vestigios materiales que han llegado hasta nuestros días, la exposición ilustrará los principales aspectos relacionados con el metal en al-Andalus, desde su extracción en la mina, su posterior tratamiento y su final manufacturación, produciendo los más diversos, y en ocasiones suntuosos, objetos en los que se aúna el esplendor y la belleza.

Esenciero Albarracín.

El discurso se articulará a partir de un seleccionado conjunto de piezas, complementados con una serie de elementos museográficos de apoyo tanto audiovisuales como gráficos. Así, se ilustrarán las diferentes fases de los procesos de producción de la minería y la metalurgia, así como los principales usos del metal como elementos definitorios de la realidad que configura su cultura y sociedad: la moneda, la religión, la ciencia y la medicina, los usos cotidianos y domésticos, los útiles de trabajo y los destinados a la defensa y armamento.

Se dedicará también una especial atención a la producción de bronces zoomorfos y a las producciones de orfebrería.

En este recorrido se ilustrarán las que constituyen las principales fases históricas de al-Andalus, desde la etapa emiral y el esplendor del Califato de Córdoba, la disgregación del poder en los Reinos de Taifas y el periodo de las invasiones africanas de los pueblos almorávide y almohade, hasta llegar al epílogo de excelencia que supone para las artes del metal el reino nazarí de Granada.

Tesoro de Costixt

Fte: hoyesarte.com

 

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