Opinión

Una mirada a la Virgen del Carmen y al Mediterráneo

Virgen del Carmen.

Fernando Chica Arellano*

21-07-2019

El pasado día 16 de julio celebramos la Virgen del Carmen, una entrañable festividad que alimenta la devoción creyente en numerosos lugares, sobre todo en los pueblos costeros y en el mundo marinero. Como este tiempo veraniego suele coincidir con las vacaciones y, por tanto, permite disfrutar del mar con más intensidad que en otros momentos, invito en estas líneas a que miremos a nuestras aguas, inspirados en la encíclica Laudato Si’ (LS), sobre el cuidado de la casa común. Nos centraremos en el mar Mediterráneo.

Mirando al Mediterráneo se ubica el Monte Carmelo, en el actual territorio de Israel que es, en realidad, una pequeña cadena montañosa de unos 30 kilómetros de largo y unos 12 km de ancho. En un promontorio de unos 170 metros de altitud, que se adentra en el mar como si fuera la proa de un barco, se encuentra el santuario Stella Maris, dedicado a la Virgen del Carmen, “Estrella de los mares”. Esta ubicación geográfica ayuda a explicar los vínculos de esta advocación mariana con la protección de los navegantes, pescadores y marinos. Es un faro bien visible para orientar en la difícil navegación, sobre todo en las épocas anteriores a las brújulas, astrolabios, sextantes, radares o GPS.

Especialmente en el Mediterráneo oriental y a lo largo de la historia, el Monte Carmelo ha sido un referente para orientar la navegación marina. En todo el Mediterráneo y en buena parte del universo cristiano, la Virgen del Carmen ha sido y es una orientación para encontrar el camino cuando nos sentimos perdidos y desubicados. ¿Podrá también orientarnos en estos momentos en que necesitamos una conversión ecológica (LS 216), que es a la vez conversión interior (LS 217) y conversión comunitaria (LS 218)? Sabemos que “muchas cosas tienen que reorientar su rumbo, pero ante todo la humanidad necesita cambiar” (LS 202). A la vez, “la esperanza nos invita a reconocer que siempre hay una salida, que siempre podemos reorientar el rumbo, que siempre podemos hacer algo para resolver los problemas” (LS 61).

Uno de los muchos problemas ecológicos y sociales que enfrentamos en la actualidad –problemática humana y, por lo mismo, auténticamente cristiana– se refiere a la contaminación por plásticos del mar Mediterráneo. Los datos son abrumadores. Los 150 millones de personas que habitan en la cuenca mediterránea producen en torno a 500 kg de residuos sólidos urbanos per cápita al año. El 95% de la basura en el mar Mediterráneo y en sus playas es plástico. En esta temporada veraniega, conviene recordar que los más de 200 millones de turistas que visitan el Mediterráneo cada año provocan un aumento del 40% de los residuos marinos durante el verano.

Como resultado de todo ello, en el Mediterráneo, 134 especies animales son víctimas de la ingestión de plásticos. Así, el 18% de los atunes y de los peces espada tienen restos de plástico en sus estómagos, como ocurre en el 90% de las aves marinas; también la mitad de las tortugas marinas han ingerido plásticos.Junto a esto, conviene asimismo caer en la cuenta del riesgo asociado a los microplásticos, menores de 5 milímetros, pues son los que entran en la cadena trófica y, por tanto, tienen un mayor y más nocivo impacto para la salud humana. Aunque los macroplásticos (bolsas, botellas, tapas o pajitas) son más visibles, los microplásticos son más peligrosos. Que la Virgen María nos ayude a mirar lo pequeño y lo escondido, como Dios mismo sabe mirarlo(cf. Mt 6, 4).

Junto a lo micro, lo macro.Un estudio reciente calcula que la masa de microplástico en el mar Mediterráneo varía entre las 4.800 y las 30.300 toneladas. A la vez, en la misma cuenca mediterránea, se estima una densidad media de plástico de 1 fragmento porcada 4 m2. Si colocásemos junta toda esta cantidad de residuos, tendríamos una cordillera mucho mayor que el Monte Carmelo. Pero estos plásticos los tenemos distribuidos por las playas, las aguas superficiales y el fondo marino. Se calcula que los residuos marinos causan una pérdida económica anual de 61,7 millonesde euros a la flota pesquera de la Unión Europea.

La Virgen María “comprende el sentido de todas las cosas. Por eso podemos pedirle que nos ayude a mirar este mundo con ojos más sabios” (LS 241).Que nos impulse por la senda de la conversión ecológica; que nos haga más sagaces para captar la problemática de la contaminación; que nos lance a ser más creativos a la hora de buscar soluciones y alternativas; que nos anime a un compromiso más vigoroso en la reducción del uso de plásticos.

Con razón la Salve marinera se dirige a la Santísima Virgen del Carmen con esta oración confiada: “De tu pueblo a los pesares / tu clemencia dé consuelo, / fervoroso, llegue al cielo, / hasta Ti, hasta Ti nuestro clamor”. Los pesares del pueblo incluyen también la degradación de los mares por efecto de la contaminación por plásticos; esperando consuelo y clemencia, eleva ese pueblo su clamor. Que nosotros también sepamos “escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (LS 49), antes de que sea demasiado tarde.

*Fernando Chica Arellano es Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el IFAD y el PMA

 

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