Opinión

Lo de Plácido Domingo con la Iglesia de la Cienciología

Vicente Torres

21-07-2109

Una de las pocas cosas que sé de la informática es que los sistemas tienen a menudo debilidades por las que se cuelan los programas maliciosos.

Este hecho sirve como símil de los sistemas políticos, porque también tienen debilidades. El sistema español, por ejemplo, permite partidos antisistema, lo cual es un contrasentido evidente, un juego sumamente peligroso, como vamos comprobando.

Pero la debilidad de la que interesa hablar ahora es de la que representan las religiones. Porque basta que a cualquier cosa se le ponga el nombre de religión para que se le otorgue un halo de respetabilidad y se le abran todas las puertas. Se las abren de par en par y se cuela de todo, desde sectas peligrosas hasta religiones no menos peligrosas.

Dije en el libro ‘1978. El año en que España cambió de piel’, y perdón por la autocita, que debería exigirse a las religiones que adaptasen sus estatutos o normas a la Constitución antes de permitirles operar en territorio español. O en cualquier otro país democrático, porque en los que no lo son, como Venezuela, pongamos por caso, ya se sabe que el gobierno funciona como una religión.

El asunto es muy lógico. Nada debe quedar fuera de la Constitución. Salvo en el caso de las religiones lo que queda fuera es delito. ¿Lo pillan, lo pillan?

Quizá a algunas religiones les costara mucho adaptarse a esta norma, pero seguramente saldrían ganando, porque lo que queda en ellas fuera de la Constitución es vano, hojarasca pura, y a otras les resultaría imposible. Este dato es muy importante.

Dado que se da el caso de que algunas de estas religiones hechas para el mal, aunque muchos de sus adictos sean buenos, tienen tantos fieles y tanto dinero, y tanta capacidad para hacer daño, que no se las puede expulsar, tendrían que llevar, al menos, una advertencia, como las cajetillas de tabaco.

Es decir, en un mundo más racional, como el que reclamo, Plácido Domingo se habría evitado ese mal trago.

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