Opinión

Dos futbolistas, bestias con forma humana

Jesús (I) y Enrique (D), los hermanos Castro.

Vicente Torres

23-06-2019

Se trata de dos hermanos ya fallecidos, que tenían un corazón inmenso, una bondad fuera de lo común, una nobleza de espíritu que, desgraciadamente, no es contagiosa. Hablaban español, como todo el mundo en España, aunque algunos degenerados quieran borrar esta lengua de los usos cotidianos.

Vivimos unos tiempos en que lo habitual es reclamar derechos, reales o inventados, y presumir de logros al más puro estilo narcisista. Todo iría mejor si la gente se afanara en hacer cosas útiles, de forma voluntaria, para el resto de la humanidad. No esperemos eso de Torra, ni de otros como Torra.

Son muchos los que a estas alturas habrán adivinado ya de que dos futbolistas se trata, porque estos casos no son muy frecuentes, ni en el fútbol, ni en general. El primero en morir de los dos fue el conocido como Castro. Lo hizo por ayudar a una familia inglesa cuyos miembros se introdujeron en el mar a pesar de que había bandera roja. No pensó en que la responsabilidad era de ellos, por entrar, sino que se lanzó en el agua a salvarlos, luchó denodadamente contra la corriente hasta que logró salvarlos a todos, pero terminó tan agotado que al final no pudo salir él. Esta manera de ser está fuera del alcance de la gente mezquina a la que me he referido antes.

El otro hermano era conocido como Quini y lo suyo también tiene miga, puesto que estuvo secuestrado durante 25 días por tres delincuentes. Luego los perdonó y gracias a su perdón pudieron rehacer sus vidas al salir de la cárcel. Si no lo hubiera hecho así, seguramente no habrían levantado cabeza. Conviene detenerse en el asunto: abundan quienes se sirven de cualquier pequeño detalle para asesinar (metafóricamente) a otra persona, aunque son capaces de perdonar fechorías gordas, no contra ellos, a quienes les caen bien. Quini, en cambio, estuvo por encima de los caprichos, ajeno a las venganzas, y perdonó a quienes le habían perjudicado tanto y hecho pasar mucho miedo.

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