Literatura RELATOS

Ágora

IMAGEN DE FRANCISCO ÁLVAREZ

Noe Martínez / PALABRAS OLVIDADAS

ÁGORA

Tal vez, quedar para vernos después de tanto tiempo no haya sido una gran idea para mi fallido plan de olvidarte. Tal vez, abrir la puerta a las emociones dormidas que esperaban ansiosas una excusa para desbocarse sin medida, haya sido un error fatal y delirante. Tal vez, aceptar un órdago a la grande sabiendo que ni a chica tengo punto, haya sido estrategia de suicida. Tal vez, temblar y reír, reír y temblar mientras me pinto los labios pensando en ti, sea la enésima forma en la que el destino me dice no, pero el corazón me dice venga. Tal vez, dejar de amarte silente y a escondidas, sea prioridad, pero lo que nadie me dice es cómo hacerlo.

– El mayor se parece a ti, ¿no? – Señalo la foto, sosteniendo tu móvil con mis manos.

– Eso dicen, pobre… – Te ríes, con lo que quiera que sea que eso signifique. Te mesas el pelo y te ríes otra vez.

– Hazme caso: no le va a ir mal en la vida… – Río, nerviosa, y me toco el corazón. Tocada y hundida, literal y figuradamente. Por qué poco esos niños no son míos, pienso…

– Bueno, espero que hagan las cosas mejor que yo… – Me miras a los ojos y me puedes. Hasta hace un par de horas, pensaba que el vértigo de saber que te perdí ya lo tenía superado. Fake new, claramente.

– ¿Y quién sabe qué es hacer la cosas bien…? – Me encojo de hombros y clavo la mirada en la foto de tus niños. Tus niños, que no han salido de un huevo, ni han brotado de la madre Tierra…

– Ellos fueron la única buena decisión de mi vida después de ti… – Chascas la lengua y haces mohín hastío – Con Clara nunca fueron bien las cosas, no conectamos del todo jamás.

– Pues siempre pensé que era la mujer de tu vida… – Se me sale el corazón por la boca, adiós entrañas, os echaré tanto de menos.

– Esas cosas no pasan dos veces en la vida…

Nos quedamos en silencio, porque a veces el silencio administra sentimientos que no tienen articulación posible sin una contienda de por medio, ágora de desencuentros e ilusiones con pupita. Hacer las cosas bien pasaría por descifrar por qué lo nuestro se fue a la mierda justo cuando empezábamos a encajar y lo que conmigo no fue posible, lo casita, Netflix, familia y excusión los domingos, fue posible con Clara. Pusimos distancia a lo nuestro, porque abarcaba más de lo que necesitaba nuestra juventud y nuestra inexperiencia. La tuya, exactamente, porque a mí me hubiese importado una solemne mierda perder espacio de locura y si tú aun estuvieses en mi vida, en sofá, en mi pecho y en mi cama. Te devuelvo el móvil y noto como me rozas la mano. Bajo la vista, porque tengo temo que los nervios hagan de mis ojos una piscina de miedos y reproches. Pero tu roce se convierte en soporte de cositas dormidas. No me sueltas, me sostienes, como tantas veces hace tantos años…

– Sigues teniendo una mano tan pequeñita, Noelia… – Recorres el contorno de mis dedos. Corriente alterna den 3,2, 1…

– A esta edad, Rodrigo, lo único que crece es la cintura… – Sonrío, pero no me atrevo a mirarte. Las ganas de llorarte como muerto en vida, como tu viuda bonita que soy, me anegan por entera.

Con un dedo me levantas la cara. No estoy preparada para nada que tenga que ver con tenerte a menos de dos kilómetros de distancia y, sin embargo, acepto un café con pastas y conversación, en una mesita en la que no tocarse es tarea complicada. Rodilla con rodilla, pies con pies, enredados como mis emociones atropelladas. Llámame loca, pero a poco que lo intentásemos, esto podría ser menos dérmico, menos si su temperatura corporal sube por encima de ‘si no me tocas, me muero’, contacte inmediatamente con su servicio médico. No quiero mirarte, porque hacerlo es tanto como aceptar mi vulnerabilidad y mi fracaso como chica de mundo, adulta capaz de superar un fracaso, aunque ese fracaso haya sido la historia de amor con la que voy a malvivir de aquí a la eternidad.

– Noelia… – Ya no es un dedo: ahora me sostienes la cara con las dos manos. Soy un pollito en el nido, cuánto atractivo en un solo ser. Mi plan no era parecer un mirlo desorientado, no obstante…

– No me hagas caso, ya sabes que soy una pánfila con las emociones y si quiero llorar, lloro; si quiero reír, río… – Tienes las manos calentitas. Podría dejarme morir de inanición aquí mismo, contigo haciendo palanca en mi mentón. La Tercera Guerra Mundial, el holocausto caníbal, las rebajas de julio. Hecatombes varias, pero contigo. Así. No te muevas, por favorcito. No te muevas…

– ¿Y si quieres besar…? – Tienes la frente pegada a la mía. Oigo tu corazón, porque no tengo sentidos más que para ti. Dios mío, con lo fácil que hubiese sido decirte que no podía tomar este café, que me operaban de vesícula. Me evaporo, adioschao.

– Beso… – Musito, al tiempo que se me caen dos lágrimas grandes y cristalinas, como aquellas amargas con las que acepté que nos había llegado la hora de las despedidas.

– ¿Qué nos pasó, Noelia…? ¿Por qué jodimos lo nuestro…? – Rozas mi nariz con la tuya. Siento decirte que en esta opereta de amor imposible, la princesa a la que el tren ha dejado en el andén, tiene mocos.

– Porque nos vino grande un amor tan brutal, ¿será…? – Y respiras mi aire, tal y como hacías cuando compartíamos sueño, deseo y piel. Cuando yo quiero inspirar, me arrebatas mi parte, dejándome en apnea, con tu olorcito rico, inundando entera. De izquierda a derecha. De arriba abajo. Toda yo, soy tú.

– A mí lo único que me viene grande es no tenerte, sabes…

No lo hagas.

No lo hagas.

No lo hagas.

Pumpum. Pumpum. Pumpum.

Hazlo.

Hazlo o me muero.

– Tienes un segundo para pedirme que no te bese… – Me dices, ya con tus labios sobre los míos, susurrando a cuatro labios.

– Tienes un segundo para salir de mí y no volver de por vida… – Sigues oliendo igual que siempre, ese olor maldito que me ha perseguido día tras día, disfrazado de olvido in memoriam, sabiendo que jamás nadie me olería a ti. Salvo tú.

– Tarde, muy tarde ya…

Y como cuando los niños se tiran a la piscina después de un largo invierno, mis labios y los tuyos bailan febriles una melodía imperturbable y deliciosa, en la que nadie pisa a nadie, nadie apura a nadie, nadie se siente culpable de nada; porque cuando la vida te sirve en bandeja segundas oportunidades, lo suyo es coger carrerilla, impulso, hincarse en la pértiga y subir y subir y subir y subir y subir, hasta que desde arriba, desde el cielo esponjoso en el que habitan los amores que no acaban, miras hacia abajo y piensas, sea como sea la caída, que sean tus brazos los que me recompongan. No sé si Clara es un presente, un pasado o un pluscoamperfecto. Lo único que sé es que la que no arriesga, no vive. Atención señores pasajeros, el vuelo con destino a no sé muy bien en qué va a acabar esto va a efectuar su maniobra de despegue. Esperamos el viaje sea de su agrado, y tan de su agrado…

– Ni un solo día he dejado de pensar en ti, Noelia… – Te sello la boca con la mía.

– Hasta en eso quieres arrebatarme protagonismo, bobo…

www.noemimartinez.es

FOTOGRAFÍA ORIGINAL Francisco Álvarez

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