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Mujer, policía, musulmana y negra, la protagonista de una novela de Valores Éticos

Portada y contraportada de 'Avísame cuando legues'/informaValencia.com

Un total de 98 alumnos y alumnas del IES Rafal, de Alicante, han escrito una novela negra de forma colectiva para trabajar, a través del proceso creativo, los principales contenidos de la asignatura

Valencia, martes 11 de junio de 2019

informaValencia.com.- La novela, que lleva por título Avísame cuando llegues, y que ha sido publicada por la Editorial Balduque, se ha escrito a ciento noventa y ocho manos; por alumnas y alumnos de doce a dieciocho años; cristianos, musulmanes, evangelistas, testigos de Jehová, agnósticos, ateos, de origen español, marroquí, ecuatoriano, cubano, argentino, polaco. “Extraordinaria diversidad” que, según Francisco Béjar, responsable del proyecto, “nos ha ayudado a entender, entre otros muchos, el valor de la convivencia y a que esa experiencia quede reflejada en el resultado de nuestro trabajo”.

El alumnado fue definiendo los personajes a través de cuestionarios acerca del género, la identidad sexual, las características físicas y psicológicas, la procedencia, etc., También de forma colectiva se debatió la trama de la novela; qué delito debían investigar sus protagonistas, quién era la víctima, por qué se había producido ese delito, etc. Asuntos que abordaban cuestiones éticas y sociales, pero también legales y sobre el funcionamiento del Estado de Derecho.

El resultado es una novela negra que tiene un valor literario en sí misma, y que sirve además para reflexionar sobre el machismo, el racismo y la desigualdad de forma entretenida, pero en profundidad.

Para Béjar, “la responsabilidad de un profesor de Valores Éticos es máxima. El feminismo, la lucha contra la xenofobia, contra la homofobia, el cuidado de los demás y del planeta, son contenidos de nuestra asignatura, pero son, sobre todo, cuestiones cruciales, y lo son no solo para algunas personas, sino para todas, para la sociedad en su conjunto. Cuestiones de las que depende que seamos capaces de imaginar y construir un mundo mejor”.

El objetivo era que el alumnado fuera capaz de imaginar y construir un mundo mejor, por lo que se puso en marcha el proyecto que han estado desarrollando desde el principio de curso hasta su finalización hace solo unos días.

Prólogo de la novela

Los valores éticos ocupan en nuestro el sistema educativo el mismo lugar que en la sociedad. Están arrinconados, se usan como comodín para cuadrar horarios y la asignatura acaba siendo impartida por profesores de cualquier departamento sin formación específica. Son considerados una “maría”, la alternativa a la religión católica, una especie de cine club, que ha perdido además tiempo lectivo, viéndose reducida a su mínima expresión: una hora a la semana.

Sin embargo, los valores éticos son probablemente lo más importante de nuestras vidas, los pilares de toda sociedad verdaderamente democrática. Basta con pensarlo un poco para darse cuenta de que es, o debería ser, sin lugar a dudas, la asignatura más importante de todas. Gracias a los valores éticos, la economía, las ciencias y la tecnología pueden proporcionarnos una vida mejor. Sin ellos, nos conducen al desastre más absoluto. Algo que el siglo XX demostró dramáticamente, y que el siglo XXI parece empeñado en olvidar.

La responsabilidad, por tanto, de un profesor de Valores Éticos es máxima. El feminismo, la lucha contra la xenofobia, contra la homofobia, el cuidado de los demás y del planeta, son contenidos de nuestra asignatura, pero son, sobre todo, cuestiones cruciales, y lo son no solo para algunas personas, sino para todas, para la sociedad en su conjunto. Cuestiones de las que depende que seamos capaces de imaginar y construir un mundo mejor.

Fue esa idea; que mis alumnas y alumnos de Valores Éticos pudieran imaginar y construir un mundo mejor, la que me llevó a escribir con ellos una novela colectiva. Consideré que imaginando los personajes de esa novela descubrirían distintas maneras de ser, de sentir y de pensar. Inventando el argumento, trabajarían la compleja trama de conflictos y necesidades que mueve la acción humana, así como la forma en que esa acción se ramifica en complejas estructuras sociales, económicas y políticas. Y redactando cada uno de los fragmentos de la novela, podrían además mejorar su gramática, afinar la ortografía y ampliar vocabulario.

En definitiva, si los grandes pensadores de la Historia se habían dedicado a buscar explicaciones para la vida, lo que debían hacer aquí nuestros pequeños pensadores era el camino inverso: dar vida a las explicaciones.

No ha sido un trabajo fácil. Conseguir que ciento seis alumnos y alumnas de distintas edades, distintos grupos y distintas capacidades, a los que veía solo una hora a la semana, trabajaran de forma conjunta en un mismo proyecto, requería un enorme esfuerzo de coordinación. De modo que había que partir de algunas guías básicas. Para que el resultado no fuera una especie de panfleto pedagógico y tuviera interés literario, propuse que escribiéramos una novela negra; así, el misterio y la intriga propias del género animarían el relato. Respecto al contenido de la novela, esa fue mi única aportación. Pero, además, nuestra asignatura no es un taller literario. El proyecto debía servir para trabajar determinados contenidos, y lo que hice fue ofrecerle a mi alumnado una estructura vacía de catorce capítulos, un capítulo por cada uno de los catorce grandes objetivos de la asignatura. Solo un ejemplo; uno de los objetivos de la asignatura es especialmente árido: “Conocer las normas de seguridad vial y las causas y consecuencias de los accidentes de circulación”, y no es que ese objetivo sea poco importante, muy al contrario, tiene una importancia vital, pero pocas veces lo trabajamos. Pues bien, introduciendo una persecución de coches en la novela podríamos abordar incluso un objetivo tan poco atractivo a priori como ese y dotarlo de interés e intensidad. Como decía, este es solo un ejemplo. De ese mismo modo, sobre una mínima estructura previa, el alumnado fue recreando los catorce objetivos de la asignatura, y de paso los fue también integrando en sus vidas por medio de la imaginación.

A través de cuestionarios acerca del género, la identidad sexual, las características físicas y psicológicas, la procedencia, etc., fuimos definiendo de forma colectiva los personajes protagonistas. Así nació la inspectora Fátima: mujer, negra, heterosexual, musulmana, soltera y sin hijos. La inspectora María: mujer, blanca, heterosexual, cristiana, soltera y embarazada. Aguilera, Asensi, el comisario Pérez, y todos los demás. Y así el alumnado tuvo que meterse en su piel; pensar, sentir y actuar como ellas y ellos. También de forma colectiva debatimos la trama de la novela; qué delito debían investigar las dos protagonistas, por qué se había producido ese delito, quién era la víctima, los personajes secundarios…

Llegó entonces el momento de desarrollar todo eso, el proceso de redacción. En función del número de alumnos y de cursos, tuve que estructurar esa redacción en seiscientos veinte fragmentos para que todo el mundo, en sesiones sucesivas y de forma individualizada, escribiera distintas partes de la novela. Les enseñé los rudimentos básicos para trabajar con el procesador de texto, en red y de forma colectiva. Bajo mi supervisión y guía, nos pusimos a la tarea en el aula de ordenadores. Y gracias a las herramientas informáticas, los seiscientos veinte fragmentos fueron cayendo en las distintas carpetas de nuestro Drive, como si de piezas de un Tetris se tratara.

Por último, hicimos un concurso en el que se hicieron más de cuarenta propuestas, y por votación, se eligió también el título del libro.

Aun así, al acabar el proceso de redacción, la novela no estaba terminada. Lo que teníamos entre manos, acabando la segunda evaluación, eran seiscientas veinte piezas de un puzle que no terminaba de encajar. Sabíamos la imagen que debía ofrecer; la habíamos creado entre todos, pero la piezas que debían dar lugar a esa imagen no casaban unas con otras. Hacía falta darle unidad y coherencia al conjunto. El proceso de redacción había terminado, sí, pero restaba un último paso. La corrección. La antigua, minuciosa e irreemplazable tarea del profesor para enmendar errores, ordenar, reescribir en muchos casos. Era el momento de pulir todas las piezas y situarlas en su lugar para que finalmente todo encajara.

El resultado de todo ese proceso es Avísame cuando llegues. Ha sido escrita a doscientas doce manos; por ciento seis alumnas y alumnos, de doce a dieciocho años; cristianos, musulmanes, evangelistas, testigos de Jehová, agnósticos, ateos, de origen español, marroquí, ecuatoriano, cubano, argentino, polaco. Extraordinaria diversidad que nos ha ayudado, además, a entender el valor de la convivencia y a que esa experiencia quede también reflejada de alguna manera en nuestra historia. Es cierto que no ha sido fácil, pero ha sido apasionante.

Durante la última fase del proceso, he pensado mucho en los autores y autoras de este libro. Imagino que dentro de unos años no recordarán muchas de las cosas que han aprendido durante este curso, y eso no me parece mal, nos ha pasado a todos. No son, no somos, un contenedor para almacenar datos; no somos una biblioteca sino el bibliotecario. Pero me gusta imaginar que un día abrirán este libro por casualidad y lo volverán a leer con una sonrisa. Recordarán, espero, que el trabajo también puede ser divertido. Recordarán cómo eran cuando lo escribieron e, inevitablemente, pensarán en cómo son. Recordarán cómo era el mundo entonces y pensarán en cómo lo hemos cambiado. Sin darse cuenta, estarán una vez más poniendo en juego los valores éticos.

Así que nos vemos allí, en el futuro, recordando todo lo que compartimos durante el curso, y pensando en todo lo que vamos a compartir cada vez que abramos de nuevo las páginas de este libro. No tardéis. Yo ya os estoy esperando.

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