Opinión

No nací enseñado

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Antonio Gil-Terrón Puchades

Valencia, jueves 16 de mayo de 2019

El otro día afirmaba que no significa lo mismo querer que amar; cuestión esta que tras una explicación sosegada, hasta un niño puede entender.

Sin embargo he de confesar que no fue hasta la edad de 30 años, cuando me percaté de la abismal diferencia entre el verbo querer y el verbo amar.

Lo comprendí gracias a Jesucristo, mi maestro, tras la lectura del Evangelio de Juan:

«Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Pedro le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis corderos. Y volvió a decirle por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo por tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: ¿Me quieres? Y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas». Juan, 21: 15-17.

Tanto me llamó la atención que busque en los textos originales en griego, para comprobar si la utilización de las dos palabras correspondía a la traducción literal del texto original, o bien eran fruto de la creatividad literaria del traductor. Tras verificarlo, comprobé que el texto había sido traducido literalmente.

El texto da para muchas reflexiones. Yo tan solo voy a hacer una: Hasta el ser más malvado y perverso tiene la capacidad de querer, pero no de amar; porque el amor, como tan bien lo explicó Pablo de Tarso, nada tiene que ver con el querer:

“Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta el amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe.

Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos los misterios y la ciencia entera, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes, si me falta el amor nada soy.

Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo, pero gloriarme, si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo…”

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Y ahora concluyo con una frase inspirada en la letra de la canción Plaisir d’amour:

“A veces el placer del amor puede no durar más que un momento, pero también a veces, su dolor puede durar toda una vida”.

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