¿Y tú que amas?

Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades

Valencia, domingo 12 de mayo de 2019

El “amor”, contemplado de una manera neutra, no es una virtud en si misma; como tampoco lo es el “querer”. Será la persona el sujeto, objeto, o actividad, hacia quien va dirigido el amor o el querer, quienes definan la ética o moralidad de nuestros actos y emociones

Por ejemplo, podemos decir: “Amo a Dios”, “Amo a mis hijos”, “Amo a mi esposa”, “Amo la naturaleza”, “Amo a mi prójimo”, etc. Pero también podemos decir: “Amo el poder”, “Amo la buena vida”, “Amo el lujo”, etc.

En cuanto al verbo querer, podemos decir: “Quiero un futuro mejor para las siguientes generaciones”, “Quiero que se erradique el hambre del Mundo”, “Quiero que todo el mundo sea feliz”, etc… Pero también podemos decir: “Quiero el puesto de mi jefe”, “Quiero que venga una riada que arrase las casas de los que egoístamente se niegan a compartir los recursos hidráulicos del país”, “Quiero lo peor para mi enemigo”, etc…

Al final el amor es una emoción, y como tal, patrimonio del alma, y será la pureza o suciedad de ese alma la que dirija, santifique o ensucie el amor que sentimos. Por el contrario el “querer” o el “desear”, son fruto de la mente, no siendo más que el feto maltrecho de una emoción inconclusa.

La emoción de amar, se completa en sí misma, ya que no necesita de la realización de algo para ser; no hay ansiedad. Nada que ver con el querer y el desear, donde la ansiedad es la perenne compañera de viaje.

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