ARTE Cultura

Nasca, buscando huellas en el desierto

Exposición "Nasca. Buscando huellas en el desierto"/Img. hoyesarte.com

El Espacio Fundación Telefónica de Madrid acoge hasta el 19 de mayo la muestra más completa  sobre una de las culturas más enigmáticas del antiguo Perú, motivo de debate científico dos mil años después

Valencia, lunes 13 de mayo de 2019

informaValencia.com (Facebook InformaValencia).- Comisariada por Cecilia Pardo, arqueóloga y subdirectora del museo MALI de Perú, y Peter Fux, curador del Museo Rietberg de Zúrich y arqueólogo en el yacimiento de Nasca, la muestra incluye una selección de cerca de trescientas piezas –cerámicas, tejidos y obras de metal– que se presentan junto a recursos tecnológicos: vídeos, proyecciones, animaciones, composiciones musicales, mappings, realidad virtual y simulaciones en tres dimensiones obtenidas con drones que han sobrevolado la región, según publica esta semana el portal de cultura y arte hoyesarte.com.

Entre el 200 a C y el 650 d C, se desarrolló Nasca, una de las culturas más fascinantes de los Andes prehispánicos. Desde su descubrimiento a inicios del siglo XX ha deslumbrado al mundo por su llamativa cerámica y sus finos tejidos, así como los enormes dibujos conocidos como líneas o geoglifos que fueron plasmados sobre las pampas.

Para los comisarios de la exposición, los objetos expuestos arrojan mucha información sobre las sociedades prehispánicas, cómo pensaban, su organización social, sus rituales y ceremonias, y en concreto iluminan uno de los grandes enigmas de los nasca: cómo fueron capaces de sobrevivir en un desierto tan árido y desarrollar una sociedad agrícola y marítima. “Las valiosas piezas de la exposición remiten a una simbología que tiene que ver con la naturaleza: los nasca creían en unos dioses a quienes pedían benevolencia para poder subsistir en aquellas condiciones extremas”, explica Pardo. Además muestra el resultado de las investigaciones de los arqueólogos Markus Reindel y Johny Isla para el proyecto Nasca-Palpa. El visitante también puede admirar valiosos objetos de Cahuachi y el contenido de tres fardos funerarios procedentes de la necrópolis de Wari Kayan.

Paisaje sagrado

La muestra comienza con el paisaje sagrado de las pampas de Nazca y Palpa, un territorio definido por una cadena montañosa que impide el paso de los materiales que descienden por los ríos desde los Andes. El material estancado, formado por piedras pequeñas y sedimentos más finos, se acumuló durante miles de años, hasta formar kilómetros de pampas, sobre las que se trazaron los famosos geoglifos. En el lugar se han encontrado evidencias de actividad humana como cerámica, ofrendas y restos de posibles techados que revelan un espacio vivo a donde recurrían los pobladores para rendir culto a sus dioses en la permanente búsqueda de agua y fertilidad, como muestra una de las piezas, “Escena de peregrinaje”.

Sobre una superficie de más de 500 km2, los antiguos pobladores de Nazca transformaron un terreno pedregoso en un espacio ritual definido por miles de líneas y figuras que por las condiciones climáticas se han conservado hasta nuestros días. Los geoglifos se forman fundamentalmente a través del contraste de colores, que se produce debido a la composición geológica de las pampas. El viento fue despejando gradualmente la arena de la superficie, dejando una espesa capa de piedras pequeñas que, debido a procesos de oxidación, fue adquiriendo un tono oscuro. Para elaborar un geoglifo bastaba entonces con retirar esta capa, extrayendo manualmente las piedras y dejando a la vista el sedimento claro y arenoso que se encontraba debajo.

Fuerzas sobrenaturales

Los nasca representaron imágenes inspiradas en su entorno no solo como una celebración de la naturaleza, sino también para simbolizar las fuerzas sobrenaturales que –según sus creencias– afectaban a la vida de los hombres. Por ejemplo, la cerámica presenta motivos de aves, seres marinos, frutos, escenas de agricultura y pesca, pero también seres híbridos, personajes sobrenaturales que pertenecen a un mundo paralelo. Tal es el caso de la pieza “Representación escultórica de una planta de maíz”.

Cahuachi se ubica en la margen izquierda del río Nazca y cubre un área de 24 kilómetros cuadrados. Aunque sus primeras estructuras datan del quinto milenio a C, se desarrolló como un centro político-religioso solo a partir de la fase Paracas Tardío (400 – 200 a.C.). “El manto con diseño de cóndores”, una de las piezas más destacadas, es ejemplo de la transición entre los paracas y los nasca. Desde Cahuachi se controlaba la distribución del agua obtenida de las galerías filtrantes y existen evidencias de que ahí se iniciaban los caminos que llevaban hacia la zona ceremonial de los geoglifos.

Por otro lado, su localización entre los Andes y el Pacífico le permitió jugar un papel estratégico en las relaciones con las comunidades de la sierra y del litoral. El apogeo de Cahuachi habría concluido hacia el 400 d C, posiblemente a causa de dos aluviones y un gran terremoto, cambios drásticos que habrían generado una reorganización de la sociedad. Una de las piezas estrella de esta sección es el “Vestido con aves pintadas”.

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