Lo que le debo a Zapatero

Vicente Torres

28/04/2019.-

Le debemos a Zapatero algunas perlas de valor considerable. Como esta que le dijo a Pilar Manjón:

«He seguido su discurso atentamente desde mi despacho y gracias a usted soy mejor de lo que soy».

Ahí está todo: la soberbia, el narcisismo, la falta de respeto a las normas de respeto a las normas gramaticales…y si me apuran, la imbecilidad.

No es necesario buscar más perlas: para muestra, un botón.

Pero es que, además, yo le debo otro favor. Era consciente del inconmensurable daño que este individuo estaba haciendo a la sociedad española. Llegó a la presidencia de forma inesperada, puesto que sin los atentados del 11-M, que motivaron el discurso de Pilar Manjón que le gustó tanto, no lo habría conseguido. También Sánchez logró la presidencia gracias al apoyo de formaciones nada recomendables. Por ese camino el PSOE va a pique.

Critiqué una y otra vez los desmanes de Zapatero, e incluso escribí que si hacía algún bien, como fue el caso del matrimonio homosexual, tendría que pedirle perdón a Satanás (hice una encuesta entre mis amigos homosexuales y todos se mostraron encantados con esa medida). El caso es que todas esas críticas mías (no iba a alabar a quien estaba llevando a la ruina a tantos españoles) sirvió para que un grupo de amigos (tal vez, una manada, con su macho alfa y todo) dejara de serlo.

Puestos que todos esos me dejaron a causa de mis críticas a Zapatero es evidente que son sectarios. Si no lo fueran, habrían respetado mi libertad de opinión. Todo sectario es un mal bicho, aunque algunos de ellos lloriqueen a veces o pretendan pasar por sensibles y considerados. Todo eso es pura ficción. Un sectario siempre tiene espíritu de bestia.

Gracias a Zapatero me libré de unos cuantos de estos, tan peligrosos si están cerca, porque no tienen escrúpulos de ningún tipo, ni tampoco freno.

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