Cultura Poesía

Crucificado

Img. Antonio Gil-Terrón Puchades

«Y moriré contigo, no por esperar el Paraíso, porque esperar no espero nada, ni tan siquiera la gloria de los hombres que no es más que vanidad crucificada»

Valencia, sábado 19 de abril de 2019. Actualizado 20/04/2019

Antonio Gil-Terrón Puchades

Príncipe de los poetas que camino a la cruz mis culpas llevas, espérame que aún queda tiempo para que otro muera contigo en la cruz en esta mañana.

Y moriré contigo, no por esperar el Paraíso, porque esperar no espero nada, ni tan siquiera la gloria de los hombres que no es más que vanidad crucificada.

No. Tan solo deseo entrar en la nada para consumir todos mis silencios hasta que mi ser quede sumido en tu pacifica calma.

Espérame; no te vayas, que ligero te sigo, por no llevar más equipaje que esta maltrecha alma que hoy pide ser crucificada sin que lo capte la cámara; anónimamente, porque me he negado a mí mismo y ya no necesito nada, tan solo que me des tu aliento en el final de mi tiempo, mientras la muerte misericordiosa me abraza.

Y cuando esto acabe, cuando yo me vaya, tiempo habrá de nuevos crucificados, que como frutos maduros colgados de maderos, regarán con su sangre nuevos campos y cañadas; como ya sucedió ayer y volverá a suceder mañana.

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