Salud

Los primeros síntomas de autismo suelen aparecer entre los 12 y los 18 meses de vida

El Trastorno del Espectro del Autismo hace referencia a un conjunto amplio de condiciones que afectan al neurodesarrollo y al funcionamiento cerebral

Valencia, martes 02 de abril de 2019

IV.COM (@informavalencia).- Este martes 2 de abril se celebra el Día Mundial de la Concienciación del Autismo, un trastorno en el que su origen sigue siendo un misterio a pesar de los grandes avances en la investigación de las últimas décadas que han determinado varias claves fundamentales sobre el mismo. Además, el autismo cuenta con la dificultad añadida de que cada persona es diferente, de que cada individuo posee características propias.

Para las personas en el espectro del autismo, las rutinas son difíciles de llevar y hacen imposible adaptarse a un entorno de trabajo. La Organización Mundial de la Salud calcula que 1 de cada 160 niños desarrollará algún tipo de trastorno en el espectro del autismo. Se llama espectro porque el autismo puede manifestarse como una simple rareza que no impide vivir de forma independiente, hasta una minusvalía severa. Sus síntomas suelen comenzar en la infancia y persistir hasta la adolescencia y la edad adulta.

A pesar de que sus manifestaciones clínicas pueden variar enormemente entre unos casos y otros, existen señales de alarma que son compartidas. Afectan a la forma en que se desarrollan las habilidades de comunicación e interacción social y también a la flexibilidad del pensamiento y el comportamiento del niño o la niña, como insistencia en rutinas, fuerte resistencia a cambios aunque sean mínimos o juegos repetitivos y estereotipados.

Los primeros signos de alerta se suelen percibir hacia los 12-18 meses de edad, cuando estas habilidades comienzan a ser especialmente relevantes en el desarrollo típico. No obstante, en algunos casos se identifican más tarde, ya que pueden ser más sutiles y difíciles de detectar y pasar desapercibidas hasta edades más avanzadas, cuando las demandas del entorno son más complejas y exigentes y superan las capacidades de afrontamiento de la persona. En cualquier caso, es importante destacar que, aunque estas manifestaciones sean perceptibles y evidentes, en muchos casos el diagnóstico se retrasa y esto implica un evidente perjuicio para la persona.

El diagnóstico temprano es esencial en todos los casos y se debe avanzar en el reconocimiento de las señales específicas de alerta del TEA en las primeras etapas del desarrollo, para así garantizar su identificación y el acceso a una intervención o apoyo especializado lo antes posible. Para ello, hay que avanzar en la capacitación de profesionales y también en el conocimiento específico sobre las manifestaciones del TEA, tanto en los casos en los que estas se identifican antes (por ejemplo, cuando existen signos muy evidentes de alteración en el desarrollo, como la ausencia de lenguaje a las edades esperadas) como en las que pueden permanecer enmascaradas hasta que las demandas del entorno superen a las capacidades de afrontamiento de la persona. En los dos casos hay un amplio margen de mejora en cuanto a la detección y diagnóstico temprano, y es necesario incrementar los esfuerzos en este sentido.

En los últimos 20 años se ha experimentado un gran avance en el conocimiento científico sobre su origen, su detección y diagnóstico, y sobre los sistemas de apoyo eficaces, pero se mantienen falsas creencias sobre este tipo de trastornos que perpetúan los mitos sobre el autismo y que dificultan la inclusión social del colectivo. Todo esto genera prácticas e intervenciones que resultan ineficaces e incluso que perjudican la integridad y la seguridad de las personas que forman parte del mismo. Este desconocimiento se traslada a todas las esferas de la sociedad y hace que las personas con TEA se encuentren con barreras muy significativas para disfrutar de la igualdad de oportunidades en su educación, en el empleo, en la inclusión social o en la vida independiente.

Pero si hay algo que diferencia a los TEA de otros trastornos, es la cantidad de mitos existentes en torno al autismo, algunos de ellos muy extendidos en la sociedad y que afectan incluso a los propios padres, que pueden tener por ellos dificultad a la hora de aceptar lo que les pasa a sus hijos y, en última instancia, entorpercer su tratamiento. Porque aún con pocas habilidades sociales, con diferentes grados y niveles también en lo que a inteligencia y habilidades se refiere, la gran mayoría de los autistas son unos genios incomprendidos.

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