Opinión

La maldita puntería

Once inicial del Valencia CF ante el Getafe. De I a D, arriba, Neto, Gabriel Paulista, Guedes, Garay, Santi Mina y Parejo; abajo, Coqueli, Rodrigo, Carlos Soler, Gayá y Waas. /Img VCF

Antonio Silvestre / DESDE MI AZOTEA

Efectivamente. El partido ante la Real fue diferente en sus dos partes. Se venía de un esfuerzo copero y de un buen empate a dos en Barcelona, pero el equipo donostiarra pretendía aprovecharse del desgaste fÍsico de los de Marcelino, proponiendo una primera parte de control y pase horizontal, que tuvo momentos de aburrimiento y periodo vacacional por parte de Neto y de Rulli.

Volvía Kondogbia, que iba a tener minutos para ir cogiendo fondo, pero esta vez ni Soler ni Parejo tuvieron la tarde, seguramente con el canterano mas gris de lo habitual en estos momentos. Y poco se supo de Santi Mina y de Gameiro en los primeros 45 minutos.

Sin duda lo mas notable, el debut de Roncaglia, contundente (característica que me gusta mucho) y marcando su parcela. Y Garay, en un dulce momento de forma, con Piccini entonado y una extraordinario Gayá, son la garantía para sumar puntos, aunque sean de uno en uno por culpa de la «falta de acierto en el remate», que dice el otro.

Tras el descanso y la arenga del entrenador asturiano, el Valencia salió de otra manera en la segunda parte, gozando de varias oportunidades que, otra vez la falta de puntería, siempre la maldita puntería de los delanteros, le privó de una victoria que mereció por juego y ocasiones. Ahora bien, siendo cierto que esta vez solo esa falta de puntería le privó de su séptima victoria en liga, este Valencia de Marcelino sigue siendo en ataque un equipo sumamente previsible y fácil de defender.

Pero también es cierto que el Valencia mejora a medida que van llegando los hombres importantes que estaban en el dique seco, aunque a un equipo de Champions se le debe exigir más, bastante más. Y en ésas el asturiano siempre es precavido y calculador en sus ruedas de prensa… Así que ahora toca Europa y habrá que acertar mas con la puñetera puntería.

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