Opinión

Vivir en una sociedad enferma

Antonio Gil-Terrón Puchades

Aquellos que suelen leerme saben lo poco aficionado que soy a dejarme llevar por los temas de moda que periódicamente arrasan en los medios de comunicación y redes sociales.

Así, mientras el 90% se concentra en repetirse más que el ajo, machacando todos sobre el tema estrella de actualidad, un servidor se descuelga filosofando sobre el sexo de los ángeles y la ausencia de ideología de género en el Paraíso.

Ello no quiere decir que viva en otro planeta, o me falte un hervor; no. Lo que ocurre es que no me gusta participar y hacer la ola, al ritmo de la manipulada, voluble y cambiante, opinión pública.

Dicho todo esto, pregunto: Quién se acuerda hoy de la joven Laura Luengo, a parte de sus familiares y seres queridos más cercanos… ¿Quién se acuerda?… Y no ha pasado ni un mes.

Pues yo me acuerdo; aunque cuando todos gritaban y se rasgaban las vestiduras, yo guardé silencio.

Una sociedad que periódicamente sufre de recalentones y posteriores bajadas bruscas de temperatura, hasta alcanzar la tibieza, antes de comenzar de nuevo el ciclo febril, es una sociedad enferma que me descompone y produce náuseas. Ahora comprenderán por qué prefiero hablar y escribir sobre el Cielo y Dios.

Lo que la mayoría de los indignados virales ignoran

Si al canalla, violador y asesino de la joven Laura Luengo, lo hubiesen capturado, no ahora, sino dentro de veinte años, no podrían ni apresarlo, al haber prescrito legalmente su crimen.

Plazo de prescripción de los delitos en España:

El artículo 131.1 del Código Penal establece los siguientes plazos:

1.- A los VEINTE AÑOS, cuando la pena máxima señalada al delito sea prisión de quince o más años…

Esto es lo que hay; esa es la triste realidad. Todo lo demás no son más que palabras ardientes, llenas de dolor y rabia, que se lleva el viento hasta el almacén del Tiempo; ese sitio sin alma, donde todo se templa, enfría y calma.

Perdonarán los gobiernos, graciosa y generosamente, mediante prescripciones de responsabilidad, indultos, amnistías, gracias especiales, y demás ‘buenismos’ populistas…; pero lo que tan generosamente habrán perdonado serán, una vez más, unas muertes que son de otros, no suyas.

Va por ti Laura; te lo debía.

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