RELATOS

El tacto

Noe Martínez. Serie Cinco Sentidos

1.- EL TACTO

De entre todos los recuerdos rotos, me quedo con el instante previo a esta foto, salvada de la hoguera de los a tomar por culo, por una carambola del dolor y el infortunio. Ya no me queda nada tuyo a lo que agarrarme cuando te echo tanto de menos, que respirar es un ejercicio de resilencia y obstinación. Por eso, al abrir la maleta que una vez fue campo de batalla, lugar de confidencias entre tus cosas y las mías, y encontrarme con un instante cojonudo de lo que un día fuimos, no sé si me hunde o me saca a flote.

Quererte, Marta, ha sido la cosa más jodidamente difícil y bonita que me ha pasado nunca; sin embargo, echarte de menos me ha ayudado a entender de qué lado se pone la tristeza cuando la soledad ahoga. No soy de los que lloran, y ese es mi castigo, porque cuando tengo ganas de exigirle a la vida que me dé mi bola extra, mi última oportunidad, a la voz de joder, déjame arreglarlo, me quedo mudo, sabiendo que el que no llora, no mama. Mil razones por las que estar separados es una mierda, pero ahora que ya sé que cuando te portas como un capullo, el karma te pone la maleta y la Wii en la puerta, pedir perdón y jurar que no va a volver a pasar, es tanto como pedir al vaso que acaba de estallar contra el suelo, que no filtre agua por sus grietas. Por mucha dedicación de relojero, por mucho tacto de violinista virtuoso, el vaso resquebrajado siempre deja que el agua fluya, porque fluir es ya su rollo. Un corazón roto como el tuyo, roto por mí y mis putas locuras de tipo que mete a la red todo el pescado que mueve la colita, ya nunca tendrá para mí aquel cobijo mullido que era mío por derecho y amor. Porque no me merezco tus risas y tus te quiero; porque tú te mereces algo mejor, alguien mejor, pero es a mí a quien haces falta. Ahora que monto un circo y me crecen los enanos, sé que contigo todo; sin ti, ya nada, y para qué.

Tocarte ha sido un regalo, recordar tu piel suave y fresquita, húmeda y escondida, ha sido la suerte de un guerrero gilipollas que dio por hecho que ibas a estar aquí para siempre. Como un colgante al cuello en el que no reparas salvo cuando se te enreda en un pelo de la nuca y te da un calambrazo que te recorre el cuerpo, tu presencia se convirtió en doméstica y cómoda hasta que mi estupidez te volvió torbellino y diste un golpe de timón. No puedo reprocharte nada, porque para exigencias estoy, pero el día que me dijiste aquí se acabó el cuento de nunca acabar, y te vi metiendo tus cosas la maleta, creí que el mundo se abría en dos mitades; y lo más jodido, es que yo ya no estaba en el hemisferio que besabas tú. Esa maleta grande, con la que viajamos y compartimos lugares y risas, siempre tu lado invadiendo el mío y mis gayumbos y mis camisetas poseídos por tu armario entero, doblado y redoblado, para que allá a donde nos llevara Iberia y sus retrasos, pudieses lucir siempre bonita, tan bonita como eres cuando te levantas y tienes un ojo más hinchado que otro y carraspeas pidiendo agua, como una niña mimada. Tan bonita como cuando te levantas y tienes el pelo encima de la boca y te miro pensando que seguramente el mejor lugar en el que perder la cabeza, sea sobre ti. Tan bonita como cuando te aparto el pelo, tratando de no despertarte, y no puedo dejar de recorrerte con un dedo, de arriba abajo, de abajo arriba, porque mis manos no saben cómo parar cuando de tocarte se trata. Tan bonita como nunca, y ya nunca para mí tu pelo ni tus labios ni tu piel, que aún huelen a mí, aunque no quieras.

Yo, que soy un tío con dos cojones, que presumo de ser muy dueño de mi sinrazón, llevo dos meses gozando del ambiguo castigo de haberte conocido y haberte hecho salir por la puerta. Ahora, que mirar hacia atrás es la peor de mis suertes, porque lo que pudo haber sido y no fue me persigue como una etiqueta mal cortada en la camiseta favorita. Ahora, que la tentación es plantarme en esa casa que un día fue nuestra y muy de los dos, por dominio y por dedicación, por todo lo que es y lo que contenía, que no era otra cosa que la magia cojonuda de tenernos. El uno al otro. El otro al uno. Ahora, que cualquier cama podría ser mi jardín con enanitos, sólo pienso en aquella que cada noche me cercioraba de la puta suerte que había tenido al dar contigo. Lo sé, fui yo el que falló. El que folló a destiempo, con cobardía, con mentira podrida y alevosía. Alegué de todo en protesta propia, pero me olvidé de hacerte el sana, sana, culito de rana. Eras tú el corazón pisoteado, no debí bailar un regetón sobre nosotros. Y aun así, lo hice.

En el podio de los imbéciles con suerte, tuve un puesto de honor. Desde que ya no estás y quizá no vuelvas nunca, tengo Cum Laude en ‘Me cago hasta mi sombra, hay que ser mamón’. Quererte es y siempre será mi siempre me lo pierdo todo. Dudo que leas esto, porque me has bloqueado en el Facebook, pero por si alguien te lo cuenta, que sepas que te quiero, y que te quiero tanto, que si te quiero más, exploto. No sufras por mí, inmolarme por amor, justo castigo me parece para el daño que te he hecho. Mañana es mi cumpleaños, seguramente te importe una soberana mierda, pero bueno, que volver a abrazarte fuerte, levantarte hasta la lámpara de la cocina y jurarte que todo este tiempo sin ti ha hecho de mí un Walking Dead, no sólo sería un regalo, sería una bombona de oxígeno en medio de este tipo gris en el que me he convertido. Porque contigo lo tenía todo, ¿y sabes por qué? Porque te tenía a ti.

Bueno, que voy a estar en el bar de Paco hasta las ocho, después voy al Gym y hago cena en casa con Santi y Álex. Sé que no los puedes ver delante, pero si decides apuntarte, los mando al carajo. Son tíos de ley, entenderán el rollo. Ya sé que no ves mis stories de Facebook, pero bueno, por si te lo cuentan o lo que sea, que tus amigas son muy de contártelo todo, eso ya me quedó claro. Mientras lo decides, pienso quedarme mirando esta foto hasta que se me quemen las pestañas, recordando lo bueno y lo rico que fue amarte.



¿Marta, estás ahí?

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