El viejo profesor

¿SON NUESTROS HIJOS SOCIABLES?

En su libro Educar para la convivencia (Palabra), José Fernando Calderero aporta, desde su
experiencia académica y personal, algunas de las claves sobre cómo fomentar en los hijos
el buen uso de su libertad y conseguir que se socialicen sin problemas.
• Una condición sin la cual será imposible obtener algún resultado es que ellos, los niños,
vean hecho realidad en nuestra conducta diaria aquello que pretendemos inculcarles. EJEMPLARIDAD

• Una disciplina razonable es imprescindible para que los niños tengan buenos modales. DISCIPLINA.

• Es preciso considerar, no solo en teoría sino en la práctica, que cada hijo tiene una personalidad propia, con unas virtudes y unos defectos personales. PERSONALIDAD

• La sociabilidad comienza desde los pocos meses. Los niños que habitualmente ven pocas caras nuevas suelen ser más retraídos y luego, de mayores, les cuesta más la relación con las personas. SOCIABILIDAD

• Una de las claves del aprendizaje es la imitación. Sin darnos cuenta nos imitan en todo. IMITACIÓN

• Será atento si desde bien pequeño le ayudamos a que adquiera el hábito de observar. En los tres primeros años de la vida de un niño se produce el despertar de los sentidos y es un momento especialmente adecuado para desarrollar la capacidad de observación. OBSERVACIÓN

• Los cinco o seis años primeros de la vida de un niño son el periodo más fecundo en el aprendizaje. Es la época de sentar las bases.

José Fernando CALDERERO
Decano de la Facultad de Educación de la Universidad Internacional de la Rioja

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Buenos días


El secreto de la educación reside en respetar al pupilo. (Ralph Waldo Emerson)

ES NOTICIA… Segunda estrella para Francia

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Ganó Francia, probablemente el fútbol que se avecina. Y si el futuro ya está aquí, trae a Mbappé a toda pastilla, como sucedió hace sesenta años con Pelé. Él le dio valor a centrocampistas de altos hornos como Kanté y Pogba. Y a centrales que valen como laterales (Pavard y Lucas) para borrar fronteras y complejos. Y a centrales de mucha fibra y buen pie como Varane y Umtiti. Y a un fabuloso Griezmann, reorientado a jugador total. Habrá que acostumbrarse, que no es lo mismo que enamorarse. Una selección de más de 1.000 millones de euros metida en cintura por Deschamps, capaz de quitarle los defectos colectivos a costa de ensombrecer las virtudes individuales. Pero una selección campeona, al fin y al cabo, que quedará para la historia. Un equipo en mate que sucede al brillo de España y Alemania y un jugador, Mbappé, que aspira a la posteridad.

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