El viejo profesor

¡MÁS FUERTE, QUE NO TE ESCUCHO!

EL VIEJO MAESTRO

Hace ya muchos años, en mi juventud, era frecuente oir el siguiente chiste:
“Un día se murio una mujer que tenía dos hijas casadas. Uno de los maridos trabajaba en un comercio cerca de casa, y el otro, de albañil, en una obra en construcción, a varias manzanas de la casa de la difunta. Evidentemente había que avisar al albañil, para que se personara lo más pronto en casa, vista la situación. El cuñado comerciante se encaminó pues a la obra en que trabajaba el albañil para comunicarle la fausta noticia. Se lo encontró en un andamio a considerable altura del suelo y decidió comunicarle la noticia a pleno pulmón, desde la calle:

– ¡¡¡¡Juan!!!!, ¡¡¡¡Juan!!!!
-¿¿¿¿Queeeeee????-contestó el otro-
-¡¡¡¡Que se ha muerto la suegra!!!!
-¿¿¿¿Quéeeeeeeeee????
-¡¡¡¡Que se ha muerto la suegra!!!!
-¡¡¡Que no lo siento!!! (Aquí utilizó la palabra “siento”, por “escucho”)
-¡Ni yo tampoco, pero tendremos que ir al entierro! (Aquí confundió “sentir”, con “escuchar”)”

No sé si les habrá hecho mucha o poca gracia el chiste del “equívoco”, pero he de decirles que viene a cuento o como presentación a la siguiente entrada de Lázaro Carreter del ya sobradamente conocido libro “El dardo en la palabra”. Dice así:

No te escucho bien

“La confusión es antigua pero ya constituye plaga en los audiovisuales, que es donde suenan la frase o el verbo. Y en casa, en la calle, en los ateneos, en las aulas, en las novenas y, sobre todo, en las discotecas con sus pavorosos estruendos. «Apague el transistor, que se está acoplando y no se le escucha bien», dice la gentil animadora de un programa radiofónico nocturno al oyente que ha llamado para explicar que, siendo novio simultáneo de dos hermanas, se ha enamorado ahora del hermano. O al que, habiéndole arañado un gato en la espalda durante el acto amoroso, ya es incapaz de afrontarlo sin las uñas del gato. O a la casada que está de cuatro meses, la cual, habiendo yacido con un negro, no sabe si ésa es la causa de la preñez, ¡y teme que extrañe al marido el color del nasciturus. Son cosas de que me entero por la radio, auténticas tragedias a veces, durante los feroces insomnios de la madrugada. Aliviadas con frecuencia por la dulcísima e impasible voz de la locutora: «Aléjese de su aparato de radio, porque se acopla y no podemos escucbarle»:
Un querido colega causó el estupor de un conferenciante que preguntó al público si se le escuchaba bien desde el fondo del salón: «Por aquí lo estamos escuchando, pero no lo oímos», fue su respuesta. No cabe más sucinta y didáctica explicación de lo que impide la sinonimia entre los verbos oír y escuchar: éste añade al primero la nota de deliberación y de atención que se pone al oír.
La Academia definía así escuchar en 1732: «Oír con atención y cuidado», y en 1992: «1. Aplicar el oído para oír – 2. Prestar atención a lo que se oye». Son las acepciones que corresponden respectivamente a usos como Creo que Rosendo intenta escucharnos y Nunca me escuchas cuando te hablo. Parece que el Cesid sabe mucho de la primera, y el Gobierno -los Gobiernos-, muy poco de la segunda.Esa distinción significativa, que proviene de! latín (audire y auscultare), se ha mantenido hasta ahora en todas las lenguas románicas (ouir, entendre-écouter; udir-ascoltare; ouvir-escutar; oir, sentir-escoltar, etc.). Pero en la nuestra sufre un violento ataque confundidor.”

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Buenos días


El secreto de la educación reside en respetar al pupilo. (Ralph Waldo Emerson)

ES NOTICIA… Segunda estrella para Francia

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Ganó Francia, probablemente el fútbol que se avecina. Y si el futuro ya está aquí, trae a Mbappé a toda pastilla, como sucedió hace sesenta años con Pelé. Él le dio valor a centrocampistas de altos hornos como Kanté y Pogba. Y a centrales que valen como laterales (Pavard y Lucas) para borrar fronteras y complejos. Y a centrales de mucha fibra y buen pie como Varane y Umtiti. Y a un fabuloso Griezmann, reorientado a jugador total. Habrá que acostumbrarse, que no es lo mismo que enamorarse. Una selección de más de 1.000 millones de euros metida en cintura por Deschamps, capaz de quitarle los defectos colectivos a costa de ensombrecer las virtudes individuales. Pero una selección campeona, al fin y al cabo, que quedará para la historia. Un equipo en mate que sucede al brillo de España y Alemania y un jugador, Mbappé, que aspira a la posteridad.

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RÓTULOS CARDONA

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