El Arte de Escribir

LA FÁBULA Y EL ARGUMENTO

EL ARTE DE ESCRIBIR

LA FÁBULA Y EL ARGUMENTO.

LA FÁBULA.

«Es cosa manifiesta -dice Aristóteles- que se han de componer las fábulas como las representaciones dramáticas en las tragedias, dirigiéndose a una acción total y perfecta que tenga principio, medio y fin.»

Es decir, que, según el filósofo griego, en el relato es esencial lo que modernainente se dice exposición, nudo y desenlace. Efectivamente, aun en el relato breve o cuento son precisos los tres elementos mencionados, pero sin que forzosamente sea preceptivo seguir el orden señalado.

«Si se intenta reducir el desarrollo de la acción a extrema sencillez, a esquema puro -dice W. Kayser-, se obtiene precisamente lo que la ciencia de la literatura suele designar como fábula o argumento de una
obra… El modo de elaborar la fábula pertenece a las cuestiones técnicas que ha de resolver cada autor.»En cuanto al modo de ver, de intuir cada autor la esencia de su relato -la fábula->, varía según el temperamento del escritor. Hay quien saca la esencia de su narración de un hecho vivido y quien lo ve en la meditación, digamos abstracta, Es decir, hay quien se inspira en la vida para después urdir la historia sobre el cañamazo de la realidad y quien parte del pensamiento, de la fantasía, para injertarlos luego en la vida.

Si reducimos a esquema, a pura fábula, la mayoría de los relatos, podremos comprobar, en la mayoría de los casos, su extremada sencillez, su simplicidad. Y es que el argumento, como el armazón de los edificios, es poco variado; lo esencial es la envoltura, la «forma», según Horacio, que es la que caracteriza y diferencia una obra de otra.

Autores hay que dan consejos acerca del procedimiento para encontrar o urdir argumentos. Lo que nos parece, sobre inútil, imposible. Empeñarse en la búsqueda de argumentos, como si de buscar minas de oro se tratase, no es recomendable. La mayor parte de las veces el escritor se tropieza con el tema de su relato, como en la fabulilla del asno y la flauta: «por casualidad». Acontece, sin embargo, que estas casualidades sólo las aprovecha el artista de verdad. En el arte,” como en la ciencia. sólo mentes preparadas y con dotes creadores son las que saben aprovechar (inventar), lo que la casualidad pone ante su vista. El resto de los mortales, faltos de capacidad “detectora”, pasan indiferentes ante la posible veta aurífera que a sus pies yace.

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